Estaba deprimido, hundido en la tristeza, agotado de la vida, en una
negrura tan profunda que faltarían hojas para describirla y no se
podría siquiera cuantificar. Y tú podías haberme ayudado, pero no
te pedí ayuda. Esa tristeza, ese no poder escapar de ti mismo... Tú
podías haberme ayudado, pero fui estúpido, tu contabas conmigo para
todo, para ayudarte siempre que tenían algún problema, y yo no fui
capaz de corresponder tu confianza. No fui capaz de estar a tu
altura.
Fui estúpido. No era capaz de contártelo, pensaba, que como
demonios te ibas a sentir segura, a salvo, como te ibas a sentir
protegida por mi, si yo me sentía así, como ibas a pensar que yo
podía cuidarte si no era capaz de cuidarme a mi mismo, como ibas a
estar a salvo con alguien que estaba así... Como alguien tan débil,
tan asquerosamente débil, ya que era esa una de las razones de mi
ira y mi dolor, como alguien así podía cuidar de ti.
Supongo que quería que me vieras como algo que te podía proteger,
supongo que quería que vieras en mi, un muro, que no dejara pasar
ningún mal, que fluyera hacía ti. Un lobo, peligroso, sangriento,
salvaje... Que se lanzara como un loco contra lo que intentara
atentar contra tu seguridad. Un perro, leal, que nunca bajara la
guardia, que nunca dejara de estar atento, que nunca dejara de
prestarte atención, que nunca te fallara. No quería fallarte y al
final te fallé. Simplemente tenía que haber dejado de intentar ser
algo y ser sólo yo, al fin y al cabo ese o eso es lo que te gustaba,
yo, nada más. Con mi forma de ser, fuera cual fuera, y si estabas
conmigo, sería porque te sentías segura. Pero hay veces que
necesitas algo más que lógica, para atravesar un fango así, un
fango que embota una mente en tinieblas de esa manera.
Y sin verlo venir, ni tú, ni yo, ni nadie... Pasó, me fui, dejé
este mundo, un mal afortunado accidente. Una estúpida casualidad
que se me llevó por delante. Sin quererlo pese a todo, te dejé, me
fui de tu lado...