1/1/18

Abrazo.

 Eres lo último que sentiré. Estoy seguro de ello. Si mis ojos no estuvieran quemados lloraría. Primero por el terror. Despupués, por la emoción que me produces, por éste último regalo que me das, antes de que desaparezcamos para siempre. Éste abrazo... es lo único que necesito llevarme cuando abandone éste mundo. Noto tu brazo pasar por debajo de mi axila izquierda y subir por mi espalda hasta que tu mano se agarra a mi hombro, clavándose con una fuerza sobrehumana que me sobrecoge. Tu brazo izquierdo roda mi cuello, agarrándose donde mi hombro termina y empieza mi brazo. Tus piernas rodean mis caderas, y tu cabeza yace en mi clavícula, me agarras como si nunca quisieras soltarme. Me agarras dándome y buscando a la vez refugio. Mis brazos te rodean, el derecho rodea tu cintura, agarrándole con firmeza, contribuyendo contigo a que nada nos separe. El izquierdo cruza tu espalda de forma ascendente hasta que mi mano se apoya sobre tu cabeza, en una caricia llena de ternura. Gracias por éste momento, sentir todo tu afecto inundándome, sentir como te aferras a mí, como si yo pudiera protegerte. Gracias por permitirme gozar una última vez pese a que las puertas del infierno se hayan abierto de par en par.
Abro los ojos un instante, no puedo ver, pero sé lo que vería de poder hacerlo. Una gruesa capa de polvo que lo cubre todo, reflejando una imagen translucida y emborronada allí donde se mire. Y debajo de esa capa un rojizo anaranjado provocado por los mismos fuegos que ésta quemando éste mundo. El resultado de una civilización que brilló hasta consumirse, usando de combustible cada alma que tenía a su alcance, la tierra que la acogía y cada cosa que fuera capaz de arder o de sufrir las consecuencias de un progreso que siempre se basó en el egoísmo.
Vuelvo a cerrarlos y dejo que el contacto de tu piel me embriague una última vez. Noto como mi piel quemada arde, escuece y me hace agonizar, noto tu cuerpo temblando por la misma razón y aún así hayo paz en tu cuerpo, tan maltrecho como el mío, tan herido. Somos dos heridas abiertas en medio del Apocalipsis. Pero no podría desear un infierno más dulce como capítulo final.
Todo el cuerpo me duele, mi espalda es una gran quemadura en la que debajo de la piel en carne viva de color gris por la ceniza surgida de la hecatombe, sobresalen los huesos de mi columna, los tendones y los músculos que no han sido carbonizados. El dolor es tantísimo que he entrado en una especie de estado de shock en el que soy capaz de sentirlo sin desmayarme. Y sin embargo el único miedo que tengo es el que nace de la certeza de que no puedo protegerte ni salvarte, que vas a recorrer el mismo camino que yo, un sendero que cada vez noto más cercano. Si hay Dios, espero que me permita ser el último de los dos en partir. No soportaría la idea de dejarte sola, de no estar a tu lado cuando cruces.
Noto tu cuerpo temblar, también te cubren quemaduras que llegan hasta los mismos huesos, tendones y músculos, se que has perdido hasta algunos dedos y sufres tanto o más que yo, menuda estampa, el final del mundo y dos seres deformes abrazándose y moribundos cubiertos de ceniza nuclear abrazándose con su último estertor, sería una bonita pintura, aunque seguro que algún imbécil acabaría escribiendo sobre ella por no ser capaz de relatar algo propio. Ojala pudiera acariciarte, pero temo llevarme tu fina y degrada piel con las yemas de mis ahora huesudos y descarnados dedos, me limito a seguir con éste abrazo perfecto, que no es poco, e intentar si fuera posible trasmitirte todo el amor que has sido digna de sembrar en mí.

Tu pausada y trabada respiración es una triste melodía que hará las veces de réquiem y oda a ésta pesadilla que algunos ingenuos llamaron una vez "civilización" y al perdido empíreo que pudo haber llegado a ser de no haber estado poblado por una raza como la nuestra. Cuando con suma maestría, aquella que sólo las personas tan perfectas como tú pueden poseer, tocas la última nota de esa marcha final de despedida, y tus ennegrecidos pulmones dejan de respirar; Me dejas y te vas allí donde sólo los buenos y honestos tienen un sitio reservado, donde siempre serás tan bella como yo te vi desde el primer día, donde nadie nunca podrá trabar tu maravilloso ser ni entorpecer tu destino. Algo dentro de mí se quiebra mientras no dejo de amarte por cada regalo que me has hecho, por cada cosa buena que ha tenido mi vida y que ha venido de tu mano. Entonces por dentro lloro, pues es el único lugar donde puedo hacerlo desprovisto de dicha capacidad biológica y de las fuerzas para usarla. Sigues abrazándome con fuerza, incluso ahora, con lo lejos que estás ya de mí y eso es lo último que necesito para empezar mi marcha a fin de seguir tu brillante estela que me servirá de guía hacía el lugar al cuál vamos.  

20/12/17

Hora de pedir perdón.

 Todos, y digo todos, sin excepción, la hemos cagado alguna vez. Y me refiero a "cagarla" como termino general para abarcar todo aquello que puede entenderse como una equivocación, ya sea accidental o premeditada. Entendamos por equivocación, cagada o metida de pata, toda acción que hemos llevado a cabo y nos ha alejado del tipo de persona que debemos ser. Cada persona es un mundo, pero si tú plan de futuro basa en ser un hijo o hija de puta que pisotea al resto para parecer más alto, algo no estás haciendo bien.
De acuerdo. Todos hemos sido (aquí usaré el masculino, pero me refiero obviamente a todas las personas independientemente de su género o sexo) unos cabrones, manipuladores, mentirosos, traidores, falsos, cobardes, aprovechados, estafadores, ladrones, defraudadores, mete mierdas, sabiéndoos, impulsivos, tibios, puteros, violentos, locos, asquerosos... Y un sinfín de malas conductas que por lo menos habremos hecho una vez en nuestra vida, y a veces a gente que incluso se lo merecía.
Que nadie se lleve las manos a la cabeza, porque todos, una vez por lo menos y aunque fuera de una forma mínima ha hecho esto. Y muchas más cosas que mi imaginación no es lo suficiente pérfida o malvada para imaginar. ¿Por qué lo sé? Porque la única manera de no hacerlo nunca, es habiéndolo hecho. En menor o en mayor grado, de manera que descubramos las consecuencias y como nos hacen sentir, y no queramos hacerlo de nuevo. Ejemplo claro. Si de niño te enseñan que pegarle a tu hermanita está mal dándote un sopapo o echándote una bronca del quince, cuando tienes dos años y no tienes la materia gris ni desarrollada del todo ni al cien por cien de su capacidad, sabrás las consecuencias de ser violento, como te hacen sentir de mal, de e avergonzado y a partir de ahí podrás ir aprendiendo porque no hacerlo, ganando motivos para no hacerlo y ser bueno con cada experiencia que esté mínimamente relacionada. Si nunca has sido violento, en tu vida. Tendrás un hueco allí donde debería haber una lección aprendida, que incitará a la curiosidad. O así lo veo. La estupidez, al igual que la maldad, en general salvo casos específicos, vienen del desconocimiento. (O en casos de una mente con algún tipo de trastorno o daño). De la ignorancia. Y repito que he dicho en general. Por eso al equivocarnos, al dejar de ser unos imbéciles y madurar, y no vale de postureo tiene que ser de verdad, vamos aprendiendo y vamos haciéndonos más honrados. Repito, así lo creo.
De manera que todos hemos sido unos cabronazos, y utilizo este término para englobar esa inacabable lista de maldades que en menor o mayor medida, merecidas o no, hemos llegado a hacer.
Y veréis, yo ya me he cansado de cometer errores, y de hacer las cosas mal por ser un gilipollas, o un inconsciente. Quiero encontrar mi camino para ser un buen hombre, siempre he buscado ese camino y no sabéis cuantísimo me he equivocado y seguramente me seguiré equivocando para encontrarlo. Como se suele decir, el infierno está lleno de buenas intenciones. He errado mucho, por desconocimiento y de forma accidental, pero no me las voy a dar de santo. También a propósito, con toda mi malicia, por haber sido un gilipollas que quiero pensar, pues sino no podría convivir conmigo mismo, que no era consciente del todo de las consecuencias y del calibre de cuanto hacía. A vivir con ello toca.
Por eso, explicado y finalizado el preámbulo, es hora de repetir el título y pedir perdón, ha llegado la hora. Cómo decía quiero ser un buen hombre, la clase de hombre que desde niño siempre he querido ser. Escoger el camino que me lleva a serlo, ponerme en paz conmigo mismo, con mis cargas, mis cicatrices y mi pasado y encontrar ese camino, del que me he alejado tanto, tantas veces y del que aún estoy muy lejos. Y eso pasa por ser honesto, responsable y sensato. Y pasa por ser sincero. Así que utilizo éstas palabras para sincerarme y reconocer todo el mal que he hecho, que a quienes ha perjudicado sabrán como les perjudicó. Y dado que para ponerse en paz y seguir adelante sobre todo a la hora de recorrer un camino tan difícil como el que quiero recorrer, hay que cargar mucho, mejor me quito lo prescindible del equipo, y perdono a quienes me hayan hecho daño, accidental o premeditadamente, si alguien tiene que cargar con eso, no creo que deba ser yo.
No sé si alguien desde los que me han golpeado en la vida hasta los que han recibido mis golpes, está leyendo esto. Supongo que hay alguna posibilidad, así que ahí tenéis el mensaje.
No creáis que soy una buena persona por esto. Cómo decía hay que ser sincero, entre muchas cosas, para recorrer éste camino, y la verdad es que no hago esto por ser buena persona. Hago esto porque me interesa. Y lo hago así porque tengo que hacerlo y ahora mismo, al menos en primera instancia así es más fácil.
Esto es más fácil que ponerme cara a cara con agresores y víctimas y hablar con ellos, encararlos y afrontarlos, perdonar y pedir perdón. Me jode decirme esto y duele, pero es la verdad.
De momento no soy tan buen hombre como para ponerme delante de aquellos que me provocaron mal, es algo que al final me tocará hacer, pero aún no soy tan correcto ni tan bueno como para hacerlo, todavía me quedan malos hábitos que pulir, no estoy huyendo, sólo no me precipito hacía algo para lo que no estoy preparado.
En cuanto a la gente que yo he hecho daño... He buscado y pedido disculpas a muchos, unos me han perdonado, otros... Otros no. Aún me queda una lista muy, muy larga de afectados, pero poco a poco voy y espero seguir tachándola. Me queda más trabajo del que pareciera que una vida puede abarcar. No voy a rehuir a nadie, y si alguien cree que le debo una disculpa, le invito a venir a pedirla si no quiere esperar a que yo vaya a dársela. Si alguien quiere ofrecerla... Sinceramente me da igual. Esperar una disculpa sería tan egocéntrico como negarse a darla cuando toca. Las disculpas se dan, cuando tocan. Pero no se esperan.
En fin, si alguien, alguien a quien he hecho daño, está ahí, al otro lado leyéndome... Ya lo he dicho, pero que mínimo que sintetizarlo:
Lo siento. He sido durante mucho tiempo un imbécil muy, muy grande. Es culpa mía y sólo mía. Se debe a una gran ignorancia, que hasta el día de mi muerte me acompañará porque no creo que nunca nadie sea demasiado sabio. Siempre se ha debido a ignorancia, porque decir que soy así, que simplemente soy malo, en vez de haber estado equivocado cuando hacía algo malo, dañino o perjudicial, decir eso sería escudarme, esconderme, ampararme detrás de una excusa. Y no la hay. Si he hecho daño, ha sido culpa mía y sólo mía, por haber sido estúpido, por no haber sido más sensato o sabio. Pido perdón, por lo que hice, y por lo que haré, pues a día de hoy nadie es perfecto y sería un puto hipócrita si dijera que nunca más me voy a equivocar. Sólo me queda prometer que pese a todo, lo pasado, presente y futuro, intentaré acercarme a ese camino, siempre, por duro que sea y cuando lo encuentre recorrerlo sin descanso, aunque sea un camino que nunca ha de terminar. Esto es lo que hay y nada más. Perdón.
Realmente escribir esto, con sinceridad y desde el corazón me cuesta, porque me sería más fácil ir a algo sencillo e impersonal, que sería otra equivocación y otra cosa por la que pedir disculpas.
Supongo que me cuesta porque la mayor cobardía es la que sentimos hacía nosotros mismos, el miedo a equivocarnos y ha plantar cara a nuestras equivocaciones. Así que sí, podéis llamarme cobarde porque me cueste pedir perdón, sincerarme y abrirme con total honestidad. Pero aquí ando, intentando combatirlo. Nosotros somos nuestro peor enemigo y yo he sido demasiado enclenque moral y éticamente durante demasiado tiempo, dando lugar a numerosos errores. Por ello me encuentro en ésta tesitura y por ello me toca lo que me toca. Tarde, demasiado tarde he comprendido por donde pasan los valores que tanto buscaba, la fuerza, la valentía, el honor... Y otro más. Y pasan por aquí. Son necesarios para esto. No hay nada más difícil que ser un buen hombre (O una buena mujer, repito de nuevo que no hago distinción pese a usar el masculino) y si hay algo para lo que hace falta tener un par de cojones y ser el más duro, es precisamente para eso. Para serlo sin utilizar excusas como que es difícil, o como que es solitario y desamparado.
Si hay alguien por ahí, que se encuentre en una tesitura similar, te animo a que empieces a pedir disculpas y a ser una buena persona, una persona integra. Uno no se siente bien por ello, pero es un comienzo.

Queridos lectores, un placer escribiros, una vez más. Y gracias, muchas gracias por vuestro tiempo y por la oportunidad que por lo menos hoy, y a menudo, me proporcionáis de ser una mejor persona, a la par que un mejor escritor. Cuidaos mucho.

1/12/17

El lago.

 Huyendo de mi propio ser, allí donde siempre había conseguido encontrar la paz, me lancé, con mi mochila, con cuanto había aprendido de niño del monte y dispuesto a no pensar en el pasado y hacer como si éste nunca hubiera tenido lugar.
Las personas tenemos una forma extraña de vivir. Una especie de desconexión voluntaria y a menudo forzada de cuanto nos hace bien. Y da igual que seamos conscientes de ello. No servirá para que cambien las cosas, para que actuemos de otra manera, no aprendemos de nuestros errores, no siempre. No corregimos nuestros malos hábitos, no siempre. No hacemos lo que nos conviene, no siempre.
Mientras mis botas pisaban el suelo recubierto de agujas de pino, rodeado de árboles centenarios, respirando un aire privado de todo deje de contaminación, puro, limpio y casi fuerte al principio, a unas fosas nasales mal acostumbradas a un aire viciado y envenenado de las grandes urbes de nuestra amada era moderna, mi menta cavilaba en estas apreciaciones.
Cuando era niño nací en una gran casa en medio de la montaña. Mi madre era una mujer buena y cariñosa. Alegre, simpática. Y con una sonrisa tan grande que cubría el dolor que le provocaba no poder desterrar los fantasmas de mi padre. Mi padre, en su memoria, pues era honesto y brutalmente sincero en cuanto a sus propios defectos y fallos atañía, diré que era un hombre que se comportaba como tal, que nos cuidaba. Un hombre que se esforzaba por hacer lo que había que hacer, por hacer lo que un buen marido debía hacer y lo que un buen padre debía hacer. Pero en honor a su memoria no diré que era un buen hombre. Pues el no se consideraba tal y nunca fue amigo de recibir cualquier cosa de cumplido, hacía lo que creía que debía hacer y nunca jamás consideraba que aquello que hacía fuera digno de premio, como no lo era el comer o el respirar puesto que eran cosas necesarias.
Mi padre me enseñó a grandes rasgos dos cosas. A ser curioso y a sobrevivir. Por ende me enseñó a pensar, a leer y escribir, a aprender, a ser fuerte, a tener carácter, a ser honrado, a ser honesto y a ser fuerte. Sólo dos cosas, dos cosas que me sirvieron para aprender un ciento más. Mi madre me enseñó a sentir. A no engañarme a mi mismo, me enseñó a reír, a llorar a emocionarme. Recuerdo que todo lo que se del monte me lo enseñó mi padre. Hasta que este se convirtió en una más de las habitaciones de mi hogar. Me enseñó hasta a cazar, aunque lo odiaba, puesto que pensaba que había demasiados cazadores que no necesitaban y por lo tanto no debían cazar. Yo no olvidé lo que me enseñó y esperé no estar nunca en la situación en la que necesitara ponerlo en práctica. Con mi madre vi el primer animal salvaje de mi vida. Un lobo, quise acercarme y ella me agarró, si lo intentaba huiría, y yo no tenía porque molestar a un animal tan noble. Lo miramos y aprendí mucho ese día, un respeto que hasta hoy para mi orgullo no he dejado de procesar a cuanto me rodea.
Mi padre me educaba, pasaba algunas jornadas fuera de casa, trabajando en algo que nunca me quiso decir, y que servía para sustentarnos. Mi madre nunca dejó que se viera sus sufrimiento cuando él se iba ha hacer algo que alimentaba esos fantasmas. Era tan fuerte como mi padre.
Mis padres eran grandes y eran fuertes. Todo lo que soy se lo debo a ellos. Me enseñaron lo necesario para poder ser un buen hombre, algo difícil en los tiempos que corren. Y lo necesario para no olvidar mis raíces, de donde vengo y por lo tanto por lo que tengo que velar. Hoy día los hombres y las mujeres han olvidado eso, lo consideran absurdo, y como decía antes viven desconectados de ello. A cualquiera le resulta absurdo pensar que provenimos de la naturaleza, que somos un elemento más de ella, lo olvidan y eso le lleva a esta condenada raza a trasgredirla y perjudicarla. A alejarse todo lo posible de la misma. A respirar oxigeno putrefacto y consumir comida envenenada. A usar objetos malditos que enseguida se convertirán en basura contaminante. Es algo tan antinatural que es nauseabundo. A mi me enseñaron a no ser así, así de ingenuo, así de cobarde. A tener el valor de reconocer mis errores y lo que hacía mal para corregirlo. Sin embargo aquí estoy, sentado en unas rocas y viendo toda la sierra como mi fortaleza inexpugnable donde poder huir y encontrar refugio.
A veces me preguntaba que era esa carga que mi padre portaba. A veces pensaba que era cobardía lo que le llevaba a ocultarla. A esconderla, a no hablar nunca de ello. Ni siquiera mi madre lo sabía, y era tan fuerte que si no hubiera sido por una vez en la que vi ese dolor en sus ojos, no hubiera conocido el sufrimiento al no poder ayudar a mi padre. Sólo una vez flaqueó desde que la conocí. Mi padre no flaqueó nunca. Nunca dejó que esa carga levantara ni siquiera una sombra contra su mujer y su hijo. Con el tiempo entendí que no era cobardía. Simplemente quería protegernos de algo que le causaba tantísimas vergüenza y tantísimo sufrimiento, que no podía dejar que nadie lo sintiera ni siquiera, y así lo hice, nunca supe que era lo que mi padre cargaba. Y si no hubiera sido por una casualidad ni siquiera hubiera sabido que mi madre sufría por no poder ayudar a mi padre en esa ardua tarea. Eran muy fuertes. Mi padre nunca flaqueo, y mi madre una vez, pero nunca faltó en ella simpatía, cariño, buen humor y sonrisas.
Sé que eso fue lo que enamoró a mis padres. Lo que hizo que se encontraran. Mi padre debió ser un tipo muy divertido antes de que aquello entrara en su vida. Fuerte, honesto, responsable y jodidamente loco de atar. Sus amigos lo recordaban como alguien con quien era imposible no reír. Con quien era imposible estar de mal humor. Era divertido hasta parecer loco. Esa clase de humor que sólo los muy cuerdos pueden evocar. Eso fue lo que hizo que mis padres se encontraran antes de que llegara esa sombra. Después, no fue lo mismo, mi padre tuvo que dar prioridad a ser fuerte y a ser duro antes que a ser divertido, pero fue tan fuerte que yo pude ver de vez en cuando ese rasgo, lo suficiente para saber de primera mano y comprender porque mi madre le quería tanto. Por mucho que pesara eso que llevaba consigo, no dejó que le aplastara, no dejó que le cambiara.
Con el tiempo conocí esa carga. Nunca por manos de mis progenitores, sino porque cuando estos me dejaron, casi a la par yo busqué pues siempre fui curioso y quise aprender y descubrir. Si mi padre no hubiera sido tan concienzudamente crítico consigo mismo, si hubiera sido menos duro o su escala moral hubiera sido tan flexible, quizás eso no hubiera sido una carga. O no una tan grande. Pero mi padre no era así. Y era la clase de personas que hacen falta para que ciertas cosas vayan bien, si no hubiera sido así de crítico, no habría sido tan honesto, tan duro y tan inquebrantable probablemente y no hubiera hecho lo que era necesario para darle a mi generación un futuro mas o menos seguro. Sin hombres como él, lo tendríamos bien jodido. Sin embargo esa sombra no les impidió a mis padres ser uno buenos padres y ser felices. Pese a todo, fueron más fuertes que lo que intentará abalanzarse sobre ellos y le robaron a la vida la felicidad que sólo los más decididos tienen el valor de coger.
Todo lo que soy se lo debo a ellos. Allí donde he llegado ha sido gracias a las herramientas que me dieron para enfrentar al mundo. Sin embargo aquí estoy, buscando paz donde nunca me faltó. Recostado contra un roble, mirando a un lago. El roble tendrá más de un centenario, unos dos metros de circunferencia en el tronco y una sombra que cubre y llena de paz a todo el que quiera acercarse. La hierba en ésta zona siempre está rasa, imagino que porque los animales les gusta venir a pastar mientras aprovechan para beber del lago.
El lago no es demasiado grande. En su zona más profunda quizá llegue a los tres metros. Es fruto de alguna corriente subterránea, y su agua por algún motivo se mantiene cristalina. Es un lago de montaña así que tiene algunas algas, y algunos insectos, como es normal, pero no se encuentran en él mosquitos nunca, el agua no ésta turbia, a no ser que como un buen dominguero te dediques a remover el fondo y siempre ha sido potable y de un sabor excelente. Incluso se le han atribuido propiedades curativas y casi místicas. Los ancianos del lugar siempre han sido amigos de leyendas que durante un tiempo consiguieron alejar al tipo de gente que viene poco por aquí, lo suficiente para estropear aquello que tanto amamos algunos.
Estas montañas y cuanto se cobija en ellas, es un bien escaso en estos tiempos, la belleza virgen que aquí reside es un bien muy valioso pero que por culpa de como son mis congéneres, aún cuando estos parecen por casualidad o magia no haber descubierto el sitio, está en continuo peligro y amenaza a que esa realidad cambie y esto se convierta en el objetivo de paletos recalificadores, furtivos, domingueros o de otro tipo cualquiera igual de peligroso.
Apenas percibo, sumido en temores a perder éste paraíso que aún sobrevive por una mano desconocida y poderosa, no percibo que alguien se acerca a mí. Unos pensamientos que no me hacen más que recordar de que huyo, por mucho que intento no pensar en el objeto directo de mi exilio, me tienen tan ensimismado que hasta que no está a mi lado su presencia. Entonces un brazo desde detrás mío pasa por mi cuello, sobresaltándome y la otra mano desconocida se apoya en mi cabeza.
Al instante noto una paz que no sentía de forma tan intensa desde niño. Pierdo toda preocupación hacía quien sea que me abraza, pues noto que esa es su intención y sólo tras unos instantes caigo en que esos brazos delgados tienen un matiz verdoso en la suave piel que los compone. La calidez de la mano que me acaricia el cabello es tal, que sencillamente me da igual ese curioso hecho. Y como si la paz y tranquilidad que ahora emano, fuera una respuesta al primer contacto el ser sale desde detrás mío y se sienta en mi regazo.
Veo unos ojos de color miel, casi dorados estudiando a los míos. Una nariz chata y pequeña, con un toque encantador surge de una cara llena de pecas con una piel suave y ese matiz verduzco. Unos labios finos rematan una expresión que no es de felicidad, pero tampoco es seria una expresión que parece medir cada uno de mis rasgos y de detalles que alguien normal no podría ver simplemente mirándome. Como si con ese estudio pudiera conocerme por completo, los ojos de ese ente parecen cambiar su forma de mirarme, así como sonrieran, pero si cambiar el encantador rostro. Entonces su boca se acerca a mi oreja, su pelo castaño como la corteza del árbol que nos da sombra acaricia mis mejillas y con un acento extraño pero calido y una voz suave y melodiosa, me pide que le ayude a proteger aquello. Casi como si mi huida no fuera una huida, sino un viaje hacía el alma del lugar que vio nacer y ahora me pedía ayuda, sin pensar acepto.

Unas manos pequeñas y estilizadas quedan apoyadas sobre mi cuello, mientras unos dedos largos juegan con mi cabello. Las largas piernas de esa especie de dríada rodean mis caderas y entonces por fin sonríe y quizá, como muestra de alegría, me besa. Acerca su cuerpo al mío y entonces noto su calida piel, y el tacto de sus pechos contra mi torso, no puedo evitar sonreír mientras me sigue besando, envuelto en la extraña magia de esa ninfa aparecida como si saliera de un sueño. Comprendo que mi deber esta claro y me siento preparado, después de haberme sentido durante tanto tiempo confuso en un medio, la ciudad, que no era ni nunca fue el mío, y consciente de que he vuelto a donde hago falta.  

20/11/17

Complicar las cosas.

 A veces pensando, me pierdo en divagaciones, cosa a la que, por otra parte, ya os tengo más que acostumbrados. Y hoy estaba pensando en la gente, que se empeña en complicar las cosas fáciles. A nivel profesional, sentimental, social, da igual el ámbito. La gente que se empeña en enrarecer el ambiente, que se empeña en hacer algo fácil, difícil. Qué demonios pasa con esa gente, bueno aunque es algo que seguramente hagamos todos, o lo hayamos hecho. Es un fenómeno curioso de estudiar o valorar. Porque es como una plaga zombie. Ahora os lo explico en profundidad.
Yo soy una persona que intenta ir de cara. No siempre es fácil y no siempre se puede hacer. Pero, sobre todo con los años, mientras que la madurez me va volviendo mejor persona, lo intento, de verdad. Es como la frase de aquella película, que básicamente decía que el tipo en cuestión era honesto porque simplemente, dormía como un bebé por las noches sabiendo que buscaba siempre hacer lo correcto. Supongo que llegó un punto de mi vida que me sentía tan culpable por tantas cosas que decidí seguir ese camino. Sí, queridos lectores, he tomado muchas malas decisiones, la mayoría por insensatez, falta de madurez o escasez de pensamientos fríos y claros. No tengo demasiada malicia, estupidez por otra parte... En fin.
Bueno, divagaciones a parte, que sería de mí sin ellas. Intento ir de cara, poner las cartas encima de la mesa y hacía delante con objetivos claros y honestos, siempre que puedo. Y sobre todo con la gente que lo merece. Pero como podéis imaginar si intentáis en vuestro día a día seguir una trayectoria similar, no es nada, nada fácil. La gente a menudo trama, conspira, maquina. Y muchas veces, creo yo, ese esfuerzo por ocultar intención o personalidad, les sale mal. Así que... ¿Para qué?
Es decir, a mi me jode mucho recordar algo que saliera mal o bien, fue porque yo no hice las cosas como debería haberlas hecho. ¿Soy el único que piensa así? No lo creo, pues hay gente mucho más honesta que yo y que hace las cosas porque hay que hacerlas bien, no por un beneficio moral que se limita a no sentir ciertas cargas éticas. Lo malo de la gente que juega al juego de la vida de esa manera extraña no es lo que sacan en sí y como lo sacan, sino los daños colaterales.
He visto mucha gente buena, mucha gente honesta, tomar desvíos en su rectitud, porque están hartos de ser los únicos que cumplen las normas en el juego. Y joder eso si que me parece mal. Cuando tú eres un cabrón, un falso o simplemente una persona que hace las cosas de una forma rara que provoca incidencias, y te perjudica a ti, bueno, pero cuando jodes a otra gente, y provocas que cambien, que tengan menos ánimos en cumplir una serie de normas... Mal, muy mal. Joder eso tiene que se una carga muy gorda que llevar a tus espaldas.
Es decir, yo creo que soy una persona de fácil trato, con la que si te quieres llevar bien, lo tienes fácil, hay cosas muy sencillas que me encantan y otras muy simples que me disgustan y siempre intento, en situaciones difíciles, ponerme en la posición del otro antes de hacer algo que pueda perjudicarle. Al menos ahora soy así. Ahora que tengo más sentido común. Bien, pues creo en definitiva que soy de fácil trato. No me vas a llegar al corazón pero joder, puede haber cordialidad conmigo.
Pues porque tengo problemas con tanta gente, sería una cuestión, desavenencias, malos rollos y enemistades. O yo soy el cabrón más grande y más falso que existe, o éste mundo es incierto, complicado y lleno de gente que enrevesa lo difícil, que enturbia lo claro. Y no me limito a mi caso, conozco multitud de casos de gente que tiene que joderse por ser honesto, pagar las consecuencias por ir de cara, como también conozco casos de gente que juegan a enturbiar, manipular y enredar para fracasar una y otra y otra vez. No sé si se trata de una cuestión de ego, de un extraño concepto del amor propio o de qué.
La cosa es que... En definitiva, lo que quiero decir, el mensaje que intento mandar es... ¿Y si ponemos un poquito todos de nuestra parte y simplificamos las cosas? Somos amable, cívicos, honrados y educados; Tratamos a las personas como a nosotros nos gusta que nos traten. Dejamos nuestras cargas y heridas personales y emocionales a un lado antes de que los más cercanos a nosotros las sufran mientras estas se arreglan y cicatrizan... Ya sabéis esas cosas.

Y por último, ya para sacar puntuación record, ¿Qué tal si no damos a nadie por sentado? Es decir, es algo que veo mucho. Veo a gente que se desvive por otra, que cuida y ampara con un cariño y actitud especial, y lo que consigue a cambio, lejos de una reciprocidad, de respeto, de cuidado, es que le den por sentado, porque las personas en general, tendemos a no valorar lo que tenemos, por bueno y único que sea. Y donde primero pecamos de esto es al convivir y tratar con otras personas. Hay gente muy especial, que da mucho a quienes le rodean. Gente a la que a veces se da por sentado, no se trata, se cuida y se respeta como debe, hasta que no faltan. Y esa gente cada vez escasea más. Así que quizás deberíamos poner más empeño en cuidarles y valorarles como merecen.  

1/11/17

Metamorfosis.

 Me despierto, descubriendo además del desasosiego inexplicable que me ha despertado, que estoy empapado en sudor. Es pleno Diciembre, salgo de la cama, mareado, con una increíble sensación de malestar. Es como si estuviera a rebosar de algo, pero no sé el qué. Me dirijo hacia el cuarto de baño y me miro en el espejo, mi visión es borrosa, desenfocada. Abro el grifo y me empapo la cara de agua helada, miro mi reflejo, mi visión ya parece estable, y me veo con una nitidez extraordinaria, una nitidez con la cuál nunca me he visto, y veo mis pupilas tan dilatadas que no veo ni siquiera el iris en ellas, es casi aterrador. Pero finalmente me separo del espejo de un bote, sobresaltado y huyendo de mi propio reflejo, al darme cuenta de que no he encendido la luz del baño y que el mismo está sumido en la oscuridad. Quedo sentado en el suelo de mármol, que al estar frío, produce cierto alivio sobre mi piel ardiendo. Los dedos me duelen, a rabiar, es como si me estuvieran intentando arrancar las uñas, desde la misma matriz. Necesito aire, necesito aire.
Corro a mi cuarto, abro la ventana, y me asomo por ella, todo lo que puedo, intentando hacerme del aire frío y en busca de alivio. Me asomo, intentando captar el aire frío, lo intento, me asomo, y la mayor parte de mi cuerpo se asoma por la ventana, hasta que pierdo el equilibrio, mis pies descalzos resbalan y caigo hacía adelante.
Me despierto en el suelo agitado, estoy tumbado de espaldas, y una punzada de dolor atraviesa mi mente, me vuelvo y voy poniendo de pies, me duele todo el cuerpo, estoy a punto de gritar, pero el dolor va mitigando aunque sigo teniendo la asquerosa sensación de bochorno, como si me estuvieran quemando vivo. Miro hacía arriba, y me doy cuenta de que vivo en un sexto piso, y he caído por una de sus ventanas.
Me mareo con tan sólo pensarlo, con tan sólo caer en la cuenta de lo que acaba de pasar, el terror, el miedo, me dominan, no entiendo bien lo ocurrido y no sé si quiero entenderlo. Me froto la cabeza con las manos, y al pasarlas, mi pelo se cae, ¿qué demonios me está pasando? El cuerpo me duele a horrores, cada músculo, cada articulación, me examino, pero no tengo heridas o moratones, es como si no hubiera caído desde lugar alguno, sólo un increíble calor, y un dolor por todo el cuerpo, como cuando uno está enfermo o con fiebre.
Una nausea bestial nace de la boca de mi estomago, y me sacude de arriba a abajo, acabo vomitando, y echándolo todo, con tanta fuerza que temo que voy a echar el mismo estómago con el regurgite. Cuando miro hacía lo que he devuelto, veo un charco de color sangre, he vomitado mi propia sangre. Y entre ella, entre los restos... Puedo ver mis dientes, me paso la punta de la lengua por las encías y el terror me abruma al no notar ni uno de mis dientes... sólo el férreo sabor de la sangre. Necesito un médico, necesito ayuda... No se que demonios me está ocurriendo.
Echo a correr, intento buscar un punto de referencia, algo que me oriente, alguien que me ayude, estoy tan asustado que no consigo pensar con claridad, y aunque soy consciente de ello, no puedo pensar con claridad, es como si mi cerebro hubiera topado con un bache y no fuera capaz de salvarlo, como si estuviese condenado a topar, una y otra vez con el mismo bache.
Una idea empieza a aflorar en mi mente, es extraña, desconocida, y ... simple, es como si dentro de mi mente hubiera nacido una nueva consciencia, ajena a la mía, distinta, y me grita que cambie mi dirección. Que suba por una calle. Mi cuerpo le obedece, tropiezo y me levanto para seguir corriendo, yo no soy capaz de dar órdenes, mi voluntad está apagada, no sé ni siquiera que hacer, y por ello quizás esa voz es la que ahora dirige mis pasos y manda dentro de mi cuerpo.
Al final de esa calle hay un bosquecillo, vivo en una zona cercana a la naturaleza, y la voz me anima a volver a ella, cada vez soy menos dueño de mis actos y más testigo, voy empequeñeciendo, y la voz me va dominando. El dolor es cada vez más y más intenso y en cuento entro en los bosques, corro con todas mis fuerzas en busca de mayor espesor y mayor refugio por lo tanto, del bosque.
Finalmente caigo. Vuelvo a vomitar y quedo de rodillas, miro mis manos, mis uñas sangran y las puntas de mis dedos me duelen terriblemente, agarro el dedo índice de mi mano derecha y cuando mis dedos tocan la uña, ésta se desprende, y algo negro queda debajo de ella, sangre, costra o Dios sabe qué.
El resto de mis uñas se van desprendiendo, empujadas por algo, negro también, y de mis dedos, empiezan a salir unas garras, de color negro. El dolor de los dedos pasa a las manos, y oigo crujir los huesos, músculos y tendones de las mismas, mientras mis manos se agrandan y van cambiando de forma. Se van recubriendo de pelo, se vuelven más grandes, y pierden casi por completo su fisionomía humana, volviéndose algo... algo que nunca había visto, amorfo y antinatural. Caigo de espaldas, el dolor me abruma y se intensifica por todo mi cuerpo, el dolor me hace contraerme mientras sigo tumbado, es bestial, insoportable. Una serie de punzadas me llegan desde las piernas y sólo puedo gritar por el dolor. Cuando miro, veo como mis huesos se rompen para volverse a soldar en segundos y como mi fisionomía, mi musculatura, cambia, mis piernas aumentan su tamaño, su volumen. Mis cuadriceps se vuelven gigantescos, mis dedos se contraen, mis uñas se caen, y debajo brotan garras, la posición de mis gemelos sube, el ángulo entre mi rodilla y mi espinilla cambia, y cuando me quiero dar cuenta mis piernas son más parecidas a las de un animal, que a las de un hombre. Todo mi cuerpo se va cubriendo de un bello gris, cada vez más espeso y más denso, mucho más grueso que el vello de mi cuerpo, hasta que no queda asomo de mi carne.
Encima de éste "pelaje", nace otra capa, más espesa todavía que la anterior, me levanto y echo a correr de nuevo, intentando conseguir ayuda, la voz grita en mi cabeza cosas incoherentes, incomprensibles. Ahora corro a toda velocidad, creo que nunca en mi vida había corrido tan rápido, resbalo, cuando voy a caer, por instinto mis manos se ponen delante, caigo sobre mis brazos y sin darme cuenta, como si fuera algo básico en mi programación, sigo corriendo, ahora a cuatro patas, pues ya no se si mis brazos son patas o brazos. Doy un salto para esquivar una roca, nunca había dado un salto así antes.
Caigo, y sigo corriendo, pero a dos patas. De repente siento un golpe en la cadera, tan fuerte que me hace caer al suelo, ruedo por él y cuando el dolor se intensifica me llevo la mano a la cadera... donde descubro, descubro una especie de cola, forrada de pelaje, como el resto de mi cuerpo. Mi tamaño ha aumentado, mi musculatura también, soy más grande, más fuerte. Mi fisionomía ha mutado, mis músculos tendones y huesos se han roto, deformado y soldado de nuevo como si nunca hubieran sido de otra manera.
Un tremendo dolor llega de mi boca, de mi cuello, sienes, de mis ojos, mi frente y mis orejas. Me llevo las manos a la boca y noto como mi mandíbula se estira hacía delante, noto nuevos dientes salir, más afilados que los anteriores, dientes para depredar. Mis orejas se mueven y cuándo me doy cuenta son mucho más grandes y han subido, hacía la parte superior de mi cráneo, mi boca ha formado un morro, mi nariz un hocico. ¿Qué demonios me está pasando?

Subo por una pendiente corriendo a toda velocidad, y veo un disco blanco en lo alto del cielo, me veo aullando, un bramido perturbador y terrorífico, de una potencia nunca imaginada, que resuena por todo el bosque y al que otros en la lejanía surgen como respuesta. Cuando me doy cuenta, mi consciencia, y pensamientos, son una lejana voz que ahora me cuesta escuchar, aquello que controla mi cuerpo, mi voluntad es esa voz, esa consciencia animal que hace un rato surgió y empezó a dominarme, algo incomprensible para mi cada vez más aletargada conciencia humana. He cambiado, es obvio, pero mi razón está cada vez más nublada para captar lo que veo, escucho y siento, estoy embotado, adormecido, al menos mi yo humano. Y mi otro yo... Es el que tiene el control ahora.

20/10/17

Melancolía.

 Hoy, estaba pensando yo, delante de una hoja de word en blanco, con un título que tenía que sugerirme una historia... Y no era capaz de escribir nada. Estaba como resacoso, dolorido, cansado y en general en unas condiciones nada recomendables para según que tipos de creatividad. Y entonces empecé a pensar en la melancolía, como concepto. En general.
Y pensé en las implicaciones que podía tener, en como podía afectar. Y luego en como me afectaba a mi mismo. Empecé a divagar a nivel mental, como quizás esté haciendo ahora a nivel narrativo o escrito. Como si quisiera rellenar una hoja de papel, pero que estaba en mi mente.
No os voy a engañar, la melancolía, puede ser muy jodida, puede hacer mucho daño, convertirse en una especie de veneno, infección o ponzoña que puede corroer seriamente el espíritu de una persona. Pero eso no la hace mala. Los sentimientos y creo que ya he hablado de ello en éste blog, no son ni buenos ni malos. Lo malo o bueno es lo que hacemos con ello. Y pensando en éstas cosas, no he podido caer y recordar a las personas que, por nuestro bien, nos intentan curar la melancolía.
Yo soy melancólico. Lo acepto. Quizás soy así o quizás simplemente algo no me funciona bien aquí dentro. Y he pasado rachas muy malas y muy oscuras. Pero seria un necio si culpara a mi carácter melancólico de tal cosa. Una vez intentaron quitarme la melancolía, no haré mención a este caso concreto con más profundidad, ni como, ni porque, ni cuando, ni quien. ¿Y sabéis que noté cuando se suponía que me la habían quitado? Vacío. Era como si me hubieran extirpado algo que formaba parte de mí, como si me lo hubieran arrancado. Notaba vacío. Antes de seguir quiero avisar que ahora mismo no me encuentro en la situación mental correcta o idónea para escribir, os aviso porque me veo venir una paja mental del quince. Avisados quedáis.
Obviamente no me la habían quitado, pero era como, me parecía como si sí lo hubieran hecho, todo, imagino, por el poder de la sugestión. Alguien pensó que esa era una solución a lo que me pasaba, pero se equivocaba. Y no pasa nada. Esas, son cosas que pasan, estamos condenados a equivocarnos, porque la prueba y error es el sistema por el cuál, como especie aprendemos y evolucionamos.
Esa, como decía, no era la solución. Soy melancólico, me gusta ser melancólico, y creo que no es algo que se me tenga que quitar. Que extirpar. Ese sentimiento muchas veces es una gran fuente de inspiración. Y realmente no es algo negativo, es algo que forma parte de mí, porque puedo estar eufórico, siendo así, y a menudo lo estoy, me encanta reír, a carcajadas, hasta llorar, hasta que me duele de tanto reír. Aunque sea melancólico. Porque como dijo el sabio, hay un momento y un lugar para cada cosa.
Y la melancolía puede tener sus puntos positivos, ya no en el aspecto creativo, sino en el aspecto ético, es decir en la manera de vivir uno la vida. Yo creo que la melancolía me ha dado muchas veces una dosis de realidad que me ha ayudado a ver las cosas con objetividad, que me ha hecho tomar decisiones correctas y sabias. También me ha hecho más fuerte, me ha enseñado a sobreponerme al dolor, a no dejar que me derribe o por lo menos, no tan fácilmente. La melancolía me ha ayudado a profundizar en mi mismo, a conocerme, a enfrentarme a partes de mi ser, de mi psique, que eran difíciles, dolorosas, terroríficas y oscuras. Me ha ayudado a conocerme a enfrentarme a mis fantasmas. En definitiva me ha dado un poco de sabiduría, lo cuál ya es algo para alguien con la mollera tan dura.
Así que en sí, no es mala. Pero es un arma de doble filo. Porque como he dicho un sentimiento no es ni bueno ni malo, eso depende de la razón que tú le des. Y la melancolía también puede ser mala, porque y sin profundizar mucho en ésta parte, puede llevar a la depresión, a la tristeza, al aislamiento, a la soledad. Pero eso, no viene sólo por la melancolía, hay otros catalizadores, otros atenuantes, que nos llevan a estos estados.
Problemas personales, traumas, miedos, inseguridades. El no conocernos a nosotros mismos. El no conocer a quien tiene éste rasgo y por él y otros motivos ya mencionados está deprimido.
Lo que quiero decir, sinteticemos, es que la melancolía no es mala. Y tanto si la sufrimos como si conocemos a alguien que la sufra, no debemos intentar "quitársela" o "extirparla" porque eso no servirá de nada, y no será más que una empresa condenada al fracaso. En mi caso, quien intento quitármela era alguien cercano, a quien quería y quien me quería. Y yo estaba mal, y pensó que el problema era que tenía simplemente "melancolía". Incluso yo llegué a pensar lo mismo.
Pero ese, obviamente no era el problema. Ahora es fácil verlo, puede que haya pasado un año ya. El tiempo despeja la mente y da perspectiva. Entonces supongo que no era tan fácil verlo, para ninguno de los dos. El problema no era esa nube oscura que se cernía sobre mí. La tristeza que sentía, venía de los problemas que tenía con esa persona y que me negaba a reconocer. Problemas que sólo fueron a más y a más. Si yo hubiera sido honesto conmigo mismo, quizás podría haberlos visto. Pero ahora no merece la pena seguir analizando algo que pasó y que no tiene solución
En conclusión, la melancolía es un sentimiento, no un problema. Yo soy melancolía y lo acepto. Aunque a veces me traiga problemas y dolor. Y quien lo sea deberá aceptarlo y dejar de ver eso como un enemigo. Y empezar a ver los problemas que se esconden tras ese sentimiento.
A mí me gusta ser feliz y me gusta reír. Sé que la melancolía y la euforia son sentimientos completamente opuestos, a mí me lo vais a decir, que hay veces que parece que tengo tres personalidades, la eufórica, la media y la deprimida. Pero así soy.
Y ¿sabéis que es lo que me hace más feliz? ¿Lo que me da más euforia? Lo que me acerca a mi niño interior. Al niño que fui. Quizás por eso me guste reír, porque considero que tuve una infancia feliz, pese a los problemas que tuvieron lugar, no dejaba de reír y eso me acerca a esa parte de mí y me provoca euforia. Hay cosas que me dan euforia, y es porque me acercan a ese niño interior, ese niño con una imaginación disparatada, que vivía en un mundo mejorado con sus ensoñaciones y disparates. Que podía ver lo que imaginaba como si fuera tangible. Quien alguna vez me ha enamorado a llegado a conocerme lo suficiente para saber que acercándose a mi niño interior podía conquistarme.
La verdad que echo de menos esa época y a veces siento haberla clausurado de forma tan abrupta. Otro día hablaremos de eso. Y de esa parte de mí.
En definitiva me gusta esa parte de mí, pero eso no quita que me guste su contraria. Porque no siempre se puede ser feliz, ni vivir en tu mundo, la realidad está ahí y no se puede huir de ella, porque es donde más se aprende, y donde más se madura.

No sé si se puede sacar más conclusiones a lo dicho, vosotros juzgaréis eso. Me dejo muchas cosas en el tintero, pero éste escrito reclama un final, así que os dejo una despedida, y agradezco el tiempo que hayáis dedicado a leerme. Un saludo y cuidaos mucho, queridos lectores.

1/10/17

Perdí a mi hermano.

 Yo te quería muchísimo. Eras mi hermano, mi protegido, parte de mí, de mi sangre. Eras una prolongación de mí. De lo bueno que había en mí. De los sueños que podía cumplir, de las lecciones que podía aprender, del bien que podía hacer. De todo aquello positivo o beneficioso que yo pudiera aportar, que pudiera dejar a mi paso por éste mundo. No albergo ningún sentimiento negativo contra ti, poco a poco todo se enfría y cuando podemos pensar con claridad, las heridas empiezan a cicatrizar. Aún te quiero, joder, eres mi hermano. Pero no en lo que te has convertido, en lo que eras, en la clase de hombre que podrías haber sido.
No me malinterpretes. No tenía ningún "plan" preparado para ti, no pretendía que fueras nada, no pretendía que hicieras lo que yo creyera que era mejor para ti. Sólo quería ser testigo de esa gesta que protagonizabas llamada "Tu vida". Ayudarte y ampararte en lo que pudiera. En fin, ser tu hermano, estar a tu lado, y disfrutar contigo de tus victorias, de las que eras el único protagonista, y las cuales podía admirar, y acompañarte en tus derrotas, impidiendo que la soledad de la perdida, del fracaso te abrumase, intentando darte la poca sabiduría que pudiera poseer, a fin de ver la enseñanza del bache.
Eras muy importante para mí. Y por eso me dolió tantísimo lo que hiciste. Porque eras el mejor hermano que yo hubiera podido esperar, pero hay cosas que ni a mi hermano le puedo pasar.
Y es que me dejaste tirado. Me diste de lado, y eso me dolió en lo más hondo de mi corazón. Tú siempre habías podido contar conmigo, y me hubiera puesto de tu parte pasara lo que pasara, hicieras lo que hicieras, tuvieras razón o no. Nunca habría habido nada en lo que te metieras, o en lo que te metieran, en lo cuál yo no hubiera tomado partido por ti. Porque aunque hubieras estado equivocado, seguirías necesitando a tu hermano, y ahí iba a estar yo, a tu lado, guardándote la espalda, e intentando si es que estabas en un error, hacértelo ver, utilizando todo mi talante, toda mi empatía, toda mi sabiduría e ingenio, pero sin dejarte de lado, sin dejarte sólo, aunque me hubiera tenido que manchar las manos, el honor, o lo que fuera preciso, por mi hermano todo.
Por mi hermano todo, menos dejarme vendido por él. Eso ni por ti, ni por nadie.
Y eso fue lo que hiciste tú. Te quisiste mantener neutral, no puedo entender porqué, supongo que porque quien estaba en otro lado de la cuestión te doró la perla muy bien, te soltó muchos halagos o te manipuló de alguna manera para que vieras más honestidad en su lado que en el mío. Realmente no hiciste nada demasiado grave, intentaste no tomar partido por nadie, mantenerte neutral, no escoger un bando. Pero al hacer eso, sin quererlo o queriendo, a propósito, o sin darte cuenta, tomaste partido, y no fue por mí. Con el tiempo hubiera podido perdonarte eso, aunque nunca hubiera confiando en ti, con fe ciega, como confiaba antes de que esto pasara.
Quien se apostilló en mi contra y te embaucó tan bien, sabía perfectamente que la mejor manera de hacerme daño, era atacarme a través de ti, por el único lado que no esperaba ser atacado, por el único lado del que no esperaba ninguna amenaza, en el que tenía completa y absoluta seguridad. Aún recuerdo, antes de que todo esto empezara, cuando no estábamos enfrentado dicha persona y yo, como cuando me insinuó su preferencia antes de ti le dije "Nadie está por delante de mi hermano, siento si te duele oírlo, pero espero que lo comprendas, hemos pasado tanto, que mi lealtad hacía él no puede ir ni pasar nunca a un segundo plano." Tanta culpa tuve yo de que te usaran contra mí al decir eso, como tú de confiar en el buen hacer de ciertas personas supongo.
Yo tuve mucha culpa en esto, lo reconozco, no pretendo criminalizarte y reconozco que puedo haber pecado de eso. Tú sólo intentaste escoger lo que te parecía mejor, supongo. Yo fui quien comenzó esto, quien actuó mal y provocó el enfrentamiento. Yo fui quien no tuvo la sensatez de cuando tú escogiste a quien apoyar, calmarme, enfriar la mente antes de hablarlo contigo, y yo fui quien, como un estúpido, dijo lo que dijo, sabiendo que por muy rebajado que estuviese a ti te iba a doler, tanto como me dolió a mí que tu me dejaras vendido. Que intentaras no apoyar a nadie entre tu hermano y quien pretendía darle todos los golpes que pudiera, actuando así, por no actuar. Hay veces que hay que escoger, porque al no hacerlo, dejas que o bien otros escojan por ti, o bien que tu tibieza sea la que escoja.
Pero lo que sí que no puedo entender, comprender ni asimilar es lo que vino después, los dos actuamos mal, los dos nos equivocamos, y eso iba a traer consecuencias, nuestro vinculo, el honor y lealtad que había entre ambos se iba a resentir, pero tú lo complicaste aún más. En vez de dejar que el tiempo hiciera su parte, que las cosas se calmasen, me buscaste, hasta encontrarme, me declaraste algún tipo de guerra absurda e infantil, intentando hacerme todo el daño que pudieras, hasta desgastar toda la paciencia que yo pudiese tener guardada para aguantar las niñerías y rabietas que nunca hubiera esperado de ti. Te levantaste contra mí, sabías que me estabas atacando, no fue por error, no fue por accidente, quería joderme, y eras plenamente consciente. Tú me atacaste, allí donde más podías hacerme daño, porque me conocías y sabías cuales eran mis debilidades y fortalezas, buscaste poner del revés mi vida, alterar todo lo que era importante para mí. Tú. Mi propio hermano.
He tomado muchas decisiones malas, no soy un ejemplo de las cosas que hay que hacer para un buen provenir, y la mayor parte de la complicación de mi vida es sólo culpa mía, por decir sí a lo que debí decir no, y viceversa. Pero yo nunca hubiera alzado mi mano contra ti, yo nunca hubiera buscado arruinarte, o dañarte. Eras mi puto hermano, nunca se me hubiera ocurrido, y por ello simplemente soporte tus ataques y me fui alejando de ti, cada vez, más. Aunque realmente el que me alejaba de ti, eras tú.
Perdí toda mi confianza en ti hasta que conseguiste darme absolutamente igual, hasta que olvidé todo la lealtad que guardaba y hasta que fui hasta deshonesto, con tal de evitarte y alejarte de mí.
Eras mi hermano, y ahora... Sólo quiero olvidar que confié tantísimo en ti, que tuve un hermano tan excepcional y que lo perdí, y nunca lo recuperaré. Quiero ver esto como una serie de malas decisiones carentes de toda malicia, aunque no lo comprenda, dado que nunca podré mirar y analizar estos hechos con frialdad y con imparcialidad. Es mejor no recordar algo que sólo trae dolor, prefiero recordarlo como algo absurdo y carente de sentido, a recordarlo como algo lleno de malicia, así es más fácil de olvidar. Así sólo trae tristeza y no rabia. Dado que la rabia es tan difícil de purgar, cuando entra en el corazón.
Quizás un día retomemos el contacto, olvidemos y hasta nos llevemos más o menos bien... Pero no podré evitar sentir siempre que perdí a mi hermano, y que nunca lo recuperaré.

Fuera culpa de quien fuera. Perdí a mi hermano.