20/2/18

Cuando pendió de un hilo mi futuro como escritor.

 Si hecho cuentas, rememoro, ciertos baches, ciertos impedimentos que me he encontrado en mi sueño de ser escritor. Aunque me guste considerarme tal, aún no lo soy y todavía me queda mucho por afrontar. Aunque eso no quiere decir que no haya pasado un par de cosas ya. Ha habido momentos en los que he estado a punto de decir "basta" de dejarlo, de rendirme y desentenderme, mucho agobio y presión que yo sólo me metía, pero quizás porque me daba cuenta de que lo que afrontaba en esos momentos era una rabieta de niño, o quizás porque conseguía serenarme y concentrarme en lo que de verdad quería, en lo que de verdad era, al final seguí adelante.
Pero hubo una cosa, algo muy simple, en apariencia al menos, que podía haberme costado este sueño. Que podía haber acabado con él.
Veréis antes de nada os tengo que poner en situación. Pongamos y usemos un ejemplo. Si tú educas a un niño y éste hace algo mal, se lo corriges ¿Verdad? Porque si no seguirá haciendo algo mal, hasta convertir esa manía en un hábito que será mucho más difícil de corregir y en según que casos hasta imposible. Pues bien, en mi caso, hubo algo que quien me debía corregir, no lo corrigió.
Yo de niño cometía muchísimas faltas ortográficas. Pero no podéis ni imaginaros hasta que punto. Eran tantísimas que cualquiera que me leyera podría considerarme analfabeto. Y aún hoy sé que cometo demasiadas, pero intento remediarlo. ¿Por qué tenía ese problema? Pues algo deberíais ir intuyendo. En el colegio, en el instituto, en mi vida, nadie había buscado nunca remediar eso. Me bajaban puntos por las ortografía y solucionado, me podían llegar a suspender exámenes, pero ya está. No había una solución real. Y una de dos. O yo era muy estúpido como para ver que tenía un problema y no lo solucionaba, o mis profesores no se daban cuenta de que tenía un problema y que debía solucionarlo. O quizás las dos.
La cosa es que cuando yo llegué a segundo de bachillerato tenía faltas gordísimas y numerosísimas. Seguramente habría niños de primaria que podían escribir más correctamente que yo. Es curioso, porque hasta entonces los profesores que tenían se limitaban a decirme, "tienes que leer más" Para corregir ese problema. Cuando yo he leído mucho desde que tengo capacidad para leer. Y me gustaría leer más si pudiera... Esto no se solucionó hasta que no llegué a la clase de lengua y literatura de Mari Paz y ella vio que tenía un problema y gordo.
Mari Paz me metió caña. Me llegó a bajar en una evaluación dos puntos por examen por las faltas. Pero no me dio por perdido. Esa es la verdad. Cuando me hizo el primer examen y vio el desastre que tenía delante se sentó conmigo y habló. Me preguntó si yo leía, cuanto leía. Si escribía o me gustaba escribir.... y un montón de cosas más. Me explicó cuál era mi problema, que no era culpa mía y que debía solucionarlo. Y se puso manos a la obra, hasta que lo solucionó. Ese año me bajaron puntos por faltas... Pues me faltan dedos para contarlos. Pero ese año dejé de tener ese problema.
Sobra decir que Mari Paz ha sido una de las mejores profesoras que he tenido en mi vida. Pero por si no ha quedado claro, lo digo ahora. No sólo eso, sino que además, si alguna vez consigo cumplir mi sueño y puedo vivir de esto, será gracias y por entero a ella. Pues si ella no hubiera solucionado éste problema, yo no podría ni siquiera rozar tal aspiración. Lo hizo, lo hizo bien y lo hizo rápido. Hay que ser muy bueno para conseguir tan hercúlea tarea.
Y es una pena que queden tan pocos profesores de esos, y a los que quedan, se los valore tan poco. Luego nos quejamos de la educación de resultados y de estadísticas. Pero no nos debe extrañar. La cosa irá a peor mientras en esa refinería de mentes que son los centro de enseñanza se hagan mal las cosas. Ya sea por leyes y normativas, presupuestos y recortes que viene de arriba, o porque la calidad y vocación de los docentes no llega a unos mínimos, porque a la hora de escoger quien se va a poner al frente de una clase se juzgan otras cosas que poco tienen que ver con que se ponga a un profesor o maestro de verdad...
Lo he dicho y lo repito, cada vez quedan menso profesores así, yo lo he visto como alumno. Y es algo que entristece a cualquiera. Ver como hay pocos y a los pocos que hay se les trata... Como no habría que tratarles. Jode mucho ver a alguien en ese puesto que sirve, y ver como le exprimen entre alumnos, profesores y superiores, como aplastan su espíritu.
En fin, supongo que el mundo de hoy día es así. Un gran rebaño, o intento de tal, que machaca y aplasta al que no sigue unas directrices de pauta y comportamiento que sean cómodas para los mismos que dirigen el rebaño. No hablo de conspiraciones, ni rollos así, hablo de que hay mucha vagancia y mucha inutilidad en diversos y numerosos sectores de nuestra cultura, y que la mejor manera de mantener esa comodidad para quienes se aprovechas de ella, es eliminando a todo el que no quiera participar de la misma, y si somos un poco críticos y empezamos a mirar con ojo critico cuanto nos rodea, podremos darnos cuenta.
En cualquier caso, el tiempo de las divagaciones ha pasado. Ésta es una más de mis pequeñas historias. Y con ella va a ir siempre un buen recuerdo y un agradecimiento perpetuo a quien me puso un poco más cerca de mi sueño.
A ella, y a todos los que han tenido que ver en mayor o menor medida en que yo alcanzara dicho objetivo, gracias por siempre.

Un saludo, queridos lectores, cuidaos mucho.  

1/2/18

Adiós, hogar.

 Noto el húmedo cosquilleo recorrer mis mejillas mientras miro una foto desgastada por el devenir de los años. Cuando percibo que las lágrimas van a caer después de desfilar por la línea de mi mandíbula alejo la fotografía, protegiéndola así de la solución salina. Nunca volveré a ver la casa que se yergue detrás de mis padres en esa fotografía. Como tampoco volveré a ver a mis padres, tan gallardos y dignos en esa foto conmigo y mi hermana delante de ellos, en aquella época en que no sabíamos cuán oscuro y cruel puede ser este mundo.
La bocina del tren me avisa de que el tiempo en esa tierra que me vio nacer y a la que llamaba patria se acaba a un ritmo vertiginoso. Debo considerarme afortunado aún así de poder abandonarla. Sólo, exiliado y tras haber perdido a cada ser al que quería, parece que debo cargar con el apelativo de "Afortunado" en esta larga marcha que tengo por delante. Era precisamente lo que me faltaba.
A manos de unos libertadores autodenominados, que con la palabra elaboraban una distracción que encubría los actos que pretendían llevar a cabo con la fuerza, he perdido mi pasado, mi presente y mi futuro. Los que un día, hasta llegaron a despertar de mi simpatía, son hoy una manada de chacales que pretende darme caza y devorar mi país hasta pelar cada hueso que pueda tener el más mínimo jugo.
Hemos pasado del hambre, el frío y la injusticia, a tener que escondernos de nosotros mismos, todo el mundo puede ser hoy un enemigo, y puedes ser una sospechosa y potencial amenaza hasta por no tener una opinión demasiado elaborada, imaginad por tener una posición contraria a la de quienes pretenden liberarnos del yugo de la opresión. Bien es cierto que necesitábamos un cambio, pero en algún momento nuestras máximas se gritaron tan fuerte que no oímos como en lugar del cambio fraguaban una criba.
Hemos pasado de un mal a otro, a otro correctamente emperifollado, con un discurso mejor, con una apariencia cercana y benévola, casi protectora, con una bandera mucho más refulgente y henchida de más brío, y con la promesa de mejorar todo lo que queríamos, mientras que en secreto alberga un retorcido y cruel plan para hacerlo. El tren se pone en marcha y hay una parte de mí que casi quiere sentir alivio por ello, hasta que recuerda que todo lo que soy se queda en el lugar del cuál parto. Mi camino me lleva a ser un vagabundo anónimo, un refugiado sin nombre condenado al sufrimiento, la soledad y la penuria en un país desconocido del cuál no sabe nada, por no saber no sabe ni hablar de manera que se haga entender en una lengua que se antoja tan extraña ahora.
Los fuegos de la revolución han fraguado algo extremadamente peligroso, lo que en principio parecía una herramienta que tenía como fin construir, ha resultado ser un arma cuyo destino es la represión. Hemos tenido la oportunidad de acabar con el mal de éstas frías tierras gobernadas por un tirano. De crear algo mejor, algo que nos hiciera iguales. Sin embargo alguien en algún momento intentó hacer encajar una pieza que no era ni siquiera de éste rompecabezas. Y ahora somos igual de pobres, de miserables, de culpables y de aterrorizados. Ahora nadie tiene nada pero quien se ha autoproclamado libertador gestiona y pone a, lo que el considera buen recaudo, lo de todos. Mientras que con una mano nos anima a seguirle, con la otra acaba con los tiranos, los apoderados, los privilegiados y todo aquel que tenga la desdicha de rodearlos o cruzarse en el camino de sus verdugos, da igual que sean culpables que inocentes, viejos, niños o enfermos. Mientras que, y tacharamé de desconfiado, tengo la vaga sensación de que el poder no vuelve a la fuente de la cuál tanto se dice proceder, sino que simplemente cambia de manos. Unas manos más jóvenes, más fuertes, pero igual de crueles, sino más. Unas manos que no van a dudar en consérvalo si así lo consideraran pertinente.
Adiós gran madre, tus hijos han pasado de pasar hambre mientras unos pocos engordaban chupando indiscriminadamente de tu ubre, ha ser instigados para ayudar a derrocar a los mencionados mientras que siguen pasando hambre, con la diferencia de que ahora todos sirven de base para que unos pocos, pero distintos a los anteriores puedan llegar a mamar de donde todos tenemos el derecho de alimentarlos, pero pocos gozan del privilegio de hacerlo.

Viva a la revolución. Viva a la libertad. Viva al partido. Viva al piógeno, ignorante y hambriento pueblo.  

20/1/18

Mi maldito nombre.

 Yo siempre he tenido una pequeña confrontación con mi nombre. A veces mayor y a veces menor. Supongo que no soy ni el primero, ni el último. Hay buenos nombre por ahí, nombres chulos, bonitos, con significado, el mío... Bueno ya me he hecho a él. Pero aún así me ha costado.
Desde el principio, desde que era un niño. En fin, os podéis imaginar que con éste nombre, yo era la única persona que conocía que se llamaba así. Era un nombre poco común, para mí y para la gente que me rodeaba, compañeros de clase, vecinos, amigos... En fin.
Si a eso le añadimos que yo nunca encajé muy bien en ningún sitio. Pues os podéis imaginar. Porque sí el concepto de "No encajo, pero eso me hace diferente y eso es bueno" En esas edades puede ser muy bonito, eres un niño distinto y no te amoldas a parámetros predeterminados, pero cuando eres un niño tu mente no entiende esas cosas. Sólo quieres ser un niño como los demás, jugar con ellos, no estar sólo y que no se metan contigo. Y cada cosa que te hace diferente... Pues no es grata.
Supongo que ese principio bastante desastroso, me ha hecho siempre tener mi nombre como algo que tengo que tener, pero que no me tiene porque gustar especialmente. De niño era rarito, por muchas cosas, como que me encantara leer, que no me gustara el fútbol y que por tanto jugase utilizando mi imaginación en vez de un balón y patadas. Reconozco que, existe la posibilidad de que mis habilidades sociales fueran bastante limitadas por no decir nulas y que fueran un inocente ingenuo que no sabía la crueldad que va aunada al hecho de ser humano.
De alguna manera mi infancia poco convencional me hizo cogerle un poco de tirria a mi nombre. Y os parecerá una tontería pero es algo que siempre ha estado ahí. Quizás mis habilidades sociales sigan siendo escasas y nefastas. Quizás simplemente es que me alejo de los rebaños y no me gustan por lo que he de pagar las consecuencias. O simplemente se trate de que por motivos mencionados o no descubiertos todavía no encajo, me cuesta mucho y eso me hace ser bastante solitario.
Y la soledad es muy mala. El tiempo libre en general lo es. Y no me malinterpretéis. No digo que haya que estar saturado, pero el tiempo hay que llenarlo. Hay que llenarlo con tareas o con hobbies. Pero el tiempo no hay que desaprovecharlo, todo minuto que tengamos deberíamos utilizarlo en enriquecer nuestra vida, en llenarla de experiencias, aventuras, lecciones y vivencias.
Apuntarnos a clases de algo, a algún deporte o arte marcial, llenar al vida. Completarla. Nutrir nuestra mente, nuestra personalidad, nuestra autoestima. El tiempo libre, el tiempo que no gastamos en nada que tenga algo, por mínimo que sea, productivo, el tiempo que desperdiciamos, no vuelve. Y lo peor es que, eso tiene un efecto devastador para nuestra mente. Para nuestra moral.
Ese tiempo sirve para que nos comamos la cabeza, para que pensemos cosas nocivas para nuestra psique. Para que nos sintamos solos... Creo que la soledad es buena, pero en dosis. Pero el tiempo desperdiciado, es venenoso, igual que la soledad en dosis demasiado grandes.
Somos animales sociales. Necesitamos relacionarnos con otros miembros de nuestra especie, con nuestro entorno, con lo que nos rodea, si nos aislamos... Nos estamos haciendo un daño bastante, bastante perjudicial. Es así, y ahí que evitarlo. Y no me malinterpretéis, no voy de listo, ni intento dar ningún ejemplo, por más que conozca la teoría, o lo que hay que hacer, por falta de sentido común o estupidez, no siempre lo llevo a la práctica, ni todo lo que debería. Soy un tanto parguelas en ese aspecto, por saber que hay que hacer y no hacerlo bien... En fin, esa es otra cuestión.
La cosa es que por no hacer lo que es obvio que hay que hacer, por pasar demasiado tiempo a solas, aislándome en mi mismo, me he hecho bastante daño, y soy consciente de ello. Porque me he obsesionado demasiado con algunas cosas. Y las obsesiones son malas. Porque, por ejemplo, leer es bueno, pero si te encierras a leer y a leer, te dejas otras cosas de la vida, te las pierdes y eso sólo va ir en detrimento negativo hacía ti. Y reconozco que he pasado demasiado tiempo sólo, desde siempre. Aprovechando desperdiciando mi tiempo, perdiéndome una parte primordial de mi vida que era el relacionarme. Aislado y desconectado del mundo real. Y como decía eso al final es malo, la soledad es buena siempre y cuando sea en pequeñas dosis y no te desconecte del mundo. No te haga perderte otras cosas. Porque al final eso vuelve, de repente te empiezas a notar fatal, porque tu estado de animo se resiente, necesita cosas de las cuales le estás privando. Y entonces te deprimes, te vienes abajo y te aíslas y encierras más... Y bueno volviendo al tema que nos ocupa, básicamente la cagas, estás hecho una mierda porque tú sólo te has abierto heridas que tenías por ahí cerrándose y no puedes evitar preguntarte, ¿Porqué a mí? Y lo relacionas con la antigua superstición adquirida de niño de "a mi nombre la pasa algo porque no es común".
Dios, he divagado tantísimo que ya no sé ni donde estoy. Tenía planteado llevar la entrada por otro lado y se me ha revelado y ya no sé ni por donde cogerla.
En conclusión... Joder no sé que conclusión sacarle a esto. Bueno pues, creo que estoy como una cabra y... ¿se me desmadran ya las entradas?

Queridos lectores un placer haberos escrito y si consigo poner estos pensamientos en orden haremos una segunda parte de ésta entrada para concluirla y desmarañarla. Un saludo y cuidaos mucho.

1/1/18

Abrazo.

 Eres lo último que sentiré. Estoy seguro de ello. Si mis ojos no estuvieran quemados lloraría. Primero por el terror. Despupués, por la emoción que me produces, por éste último regalo que me das, antes de que desaparezcamos para siempre. Éste abrazo... es lo único que necesito llevarme cuando abandone éste mundo. Noto tu brazo pasar por debajo de mi axila izquierda y subir por mi espalda hasta que tu mano se agarra a mi hombro, clavándose con una fuerza sobrehumana que me sobrecoge. Tu brazo izquierdo roda mi cuello, agarrándose donde mi hombro termina y empieza mi brazo. Tus piernas rodean mis caderas, y tu cabeza yace en mi clavícula, me agarras como si nunca quisieras soltarme. Me agarras dándome y buscando a la vez refugio. Mis brazos te rodean, el derecho rodea tu cintura, agarrándole con firmeza, contribuyendo contigo a que nada nos separe. El izquierdo cruza tu espalda de forma ascendente hasta que mi mano se apoya sobre tu cabeza, en una caricia llena de ternura. Gracias por éste momento, sentir todo tu afecto inundándome, sentir como te aferras a mí, como si yo pudiera protegerte. Gracias por permitirme gozar una última vez pese a que las puertas del infierno se hayan abierto de par en par.
Abro los ojos un instante, no puedo ver, pero sé lo que vería de poder hacerlo. Una gruesa capa de polvo que lo cubre todo, reflejando una imagen translucida y emborronada allí donde se mire. Y debajo de esa capa un rojizo anaranjado provocado por los mismos fuegos que ésta quemando éste mundo. El resultado de una civilización que brilló hasta consumirse, usando de combustible cada alma que tenía a su alcance, la tierra que la acogía y cada cosa que fuera capaz de arder o de sufrir las consecuencias de un progreso que siempre se basó en el egoísmo.
Vuelvo a cerrarlos y dejo que el contacto de tu piel me embriague una última vez. Noto como mi piel quemada arde, escuece y me hace agonizar, noto tu cuerpo temblando por la misma razón y aún así hayo paz en tu cuerpo, tan maltrecho como el mío, tan herido. Somos dos heridas abiertas en medio del Apocalipsis. Pero no podría desear un infierno más dulce como capítulo final.
Todo el cuerpo me duele, mi espalda es una gran quemadura en la que debajo de la piel en carne viva de color gris por la ceniza surgida de la hecatombe, sobresalen los huesos de mi columna, los tendones y los músculos que no han sido carbonizados. El dolor es tantísimo que he entrado en una especie de estado de shock en el que soy capaz de sentirlo sin desmayarme. Y sin embargo el único miedo que tengo es el que nace de la certeza de que no puedo protegerte ni salvarte, que vas a recorrer el mismo camino que yo, un sendero que cada vez noto más cercano. Si hay Dios, espero que me permita ser el último de los dos en partir. No soportaría la idea de dejarte sola, de no estar a tu lado cuando cruces.
Noto tu cuerpo temblar, también te cubren quemaduras que llegan hasta los mismos huesos, tendones y músculos, se que has perdido hasta algunos dedos y sufres tanto o más que yo, menuda estampa, el final del mundo y dos seres deformes abrazándose y moribundos cubiertos de ceniza nuclear abrazándose con su último estertor, sería una bonita pintura, aunque seguro que algún imbécil acabaría escribiendo sobre ella por no ser capaz de relatar algo propio. Ojala pudiera acariciarte, pero temo llevarme tu fina y degrada piel con las yemas de mis ahora huesudos y descarnados dedos, me limito a seguir con éste abrazo perfecto, que no es poco, e intentar si fuera posible trasmitirte todo el amor que has sido digna de sembrar en mí.

Tu pausada y trabada respiración es una triste melodía que hará las veces de réquiem y oda a ésta pesadilla que algunos ingenuos llamaron una vez "civilización" y al perdido empíreo que pudo haber llegado a ser de no haber estado poblado por una raza como la nuestra. Cuando con suma maestría, aquella que sólo las personas tan perfectas como tú pueden poseer, tocas la última nota de esa marcha final de despedida, y tus ennegrecidos pulmones dejan de respirar; Me dejas y te vas allí donde sólo los buenos y honestos tienen un sitio reservado, donde siempre serás tan bella como yo te vi desde el primer día, donde nadie nunca podrá trabar tu maravilloso ser ni entorpecer tu destino. Algo dentro de mí se quiebra mientras no dejo de amarte por cada regalo que me has hecho, por cada cosa buena que ha tenido mi vida y que ha venido de tu mano. Entonces por dentro lloro, pues es el único lugar donde puedo hacerlo desprovisto de dicha capacidad biológica y de las fuerzas para usarla. Sigues abrazándome con fuerza, incluso ahora, con lo lejos que estás ya de mí y eso es lo último que necesito para empezar mi marcha a fin de seguir tu brillante estela que me servirá de guía hacía el lugar al cuál vamos.  

20/12/17

Hora de pedir perdón.

 Todos, y digo todos, sin excepción, la hemos cagado alguna vez. Y me refiero a "cagarla" como termino general para abarcar todo aquello que puede entenderse como una equivocación, ya sea accidental o premeditada. Entendamos por equivocación, cagada o metida de pata, toda acción que hemos llevado a cabo y nos ha alejado del tipo de persona que debemos ser. Cada persona es un mundo, pero si tú plan de futuro basa en ser un hijo o hija de puta que pisotea al resto para parecer más alto, algo no estás haciendo bien.
De acuerdo. Todos hemos sido (aquí usaré el masculino, pero me refiero obviamente a todas las personas independientemente de su género o sexo) unos cabrones, manipuladores, mentirosos, traidores, falsos, cobardes, aprovechados, estafadores, ladrones, defraudadores, mete mierdas, sabiéndoos, impulsivos, tibios, puteros, violentos, locos, asquerosos... Y un sinfín de malas conductas que por lo menos habremos hecho una vez en nuestra vida, y a veces a gente que incluso se lo merecía.
Que nadie se lleve las manos a la cabeza, porque todos, una vez por lo menos y aunque fuera de una forma mínima ha hecho esto. Y muchas más cosas que mi imaginación no es lo suficiente pérfida o malvada para imaginar. ¿Por qué lo sé? Porque la única manera de no hacerlo nunca, es habiéndolo hecho. En menor o en mayor grado, de manera que descubramos las consecuencias y como nos hacen sentir, y no queramos hacerlo de nuevo. Ejemplo claro. Si de niño te enseñan que pegarle a tu hermanita está mal dándote un sopapo o echándote una bronca del quince, cuando tienes dos años y no tienes la materia gris ni desarrollada del todo ni al cien por cien de su capacidad, sabrás las consecuencias de ser violento, como te hacen sentir de mal, de e avergonzado y a partir de ahí podrás ir aprendiendo porque no hacerlo, ganando motivos para no hacerlo y ser bueno con cada experiencia que esté mínimamente relacionada. Si nunca has sido violento, en tu vida. Tendrás un hueco allí donde debería haber una lección aprendida, que incitará a la curiosidad. O así lo veo. La estupidez, al igual que la maldad, en general salvo casos específicos, vienen del desconocimiento. (O en casos de una mente con algún tipo de trastorno o daño). De la ignorancia. Y repito que he dicho en general. Por eso al equivocarnos, al dejar de ser unos imbéciles y madurar, y no vale de postureo tiene que ser de verdad, vamos aprendiendo y vamos haciéndonos más honrados. Repito, así lo creo.
De manera que todos hemos sido unos cabronazos, y utilizo este término para englobar esa inacabable lista de maldades que en menor o mayor medida, merecidas o no, hemos llegado a hacer.
Y veréis, yo ya me he cansado de cometer errores, y de hacer las cosas mal por ser un gilipollas, o un inconsciente. Quiero encontrar mi camino para ser un buen hombre, siempre he buscado ese camino y no sabéis cuantísimo me he equivocado y seguramente me seguiré equivocando para encontrarlo. Como se suele decir, el infierno está lleno de buenas intenciones. He errado mucho, por desconocimiento y de forma accidental, pero no me las voy a dar de santo. También a propósito, con toda mi malicia, por haber sido un gilipollas que quiero pensar, pues sino no podría convivir conmigo mismo, que no era consciente del todo de las consecuencias y del calibre de cuanto hacía. A vivir con ello toca.
Por eso, explicado y finalizado el preámbulo, es hora de repetir el título y pedir perdón, ha llegado la hora. Cómo decía quiero ser un buen hombre, la clase de hombre que desde niño siempre he querido ser. Escoger el camino que me lleva a serlo, ponerme en paz conmigo mismo, con mis cargas, mis cicatrices y mi pasado y encontrar ese camino, del que me he alejado tanto, tantas veces y del que aún estoy muy lejos. Y eso pasa por ser honesto, responsable y sensato. Y pasa por ser sincero. Así que utilizo éstas palabras para sincerarme y reconocer todo el mal que he hecho, que a quienes ha perjudicado sabrán como les perjudicó. Y dado que para ponerse en paz y seguir adelante sobre todo a la hora de recorrer un camino tan difícil como el que quiero recorrer, hay que cargar mucho, mejor me quito lo prescindible del equipo, y perdono a quienes me hayan hecho daño, accidental o premeditadamente, si alguien tiene que cargar con eso, no creo que deba ser yo.
No sé si alguien desde los que me han golpeado en la vida hasta los que han recibido mis golpes, está leyendo esto. Supongo que hay alguna posibilidad, así que ahí tenéis el mensaje.
No creáis que soy una buena persona por esto. Cómo decía hay que ser sincero, entre muchas cosas, para recorrer éste camino, y la verdad es que no hago esto por ser buena persona. Hago esto porque me interesa. Y lo hago así porque tengo que hacerlo y ahora mismo, al menos en primera instancia así es más fácil.
Esto es más fácil que ponerme cara a cara con agresores y víctimas y hablar con ellos, encararlos y afrontarlos, perdonar y pedir perdón. Me jode decirme esto y duele, pero es la verdad.
De momento no soy tan buen hombre como para ponerme delante de aquellos que me provocaron mal, es algo que al final me tocará hacer, pero aún no soy tan correcto ni tan bueno como para hacerlo, todavía me quedan malos hábitos que pulir, no estoy huyendo, sólo no me precipito hacía algo para lo que no estoy preparado.
En cuanto a la gente que yo he hecho daño... He buscado y pedido disculpas a muchos, unos me han perdonado, otros... Otros no. Aún me queda una lista muy, muy larga de afectados, pero poco a poco voy y espero seguir tachándola. Me queda más trabajo del que pareciera que una vida puede abarcar. No voy a rehuir a nadie, y si alguien cree que le debo una disculpa, le invito a venir a pedirla si no quiere esperar a que yo vaya a dársela. Si alguien quiere ofrecerla... Sinceramente me da igual. Esperar una disculpa sería tan egocéntrico como negarse a darla cuando toca. Las disculpas se dan, cuando tocan. Pero no se esperan.
En fin, si alguien, alguien a quien he hecho daño, está ahí, al otro lado leyéndome... Ya lo he dicho, pero que mínimo que sintetizarlo:
Lo siento. He sido durante mucho tiempo un imbécil muy, muy grande. Es culpa mía y sólo mía. Se debe a una gran ignorancia, que hasta el día de mi muerte me acompañará porque no creo que nunca nadie sea demasiado sabio. Siempre se ha debido a ignorancia, porque decir que soy así, que simplemente soy malo, en vez de haber estado equivocado cuando hacía algo malo, dañino o perjudicial, decir eso sería escudarme, esconderme, ampararme detrás de una excusa. Y no la hay. Si he hecho daño, ha sido culpa mía y sólo mía, por haber sido estúpido, por no haber sido más sensato o sabio. Pido perdón, por lo que hice, y por lo que haré, pues a día de hoy nadie es perfecto y sería un puto hipócrita si dijera que nunca más me voy a equivocar. Sólo me queda prometer que pese a todo, lo pasado, presente y futuro, intentaré acercarme a ese camino, siempre, por duro que sea y cuando lo encuentre recorrerlo sin descanso, aunque sea un camino que nunca ha de terminar. Esto es lo que hay y nada más. Perdón.
Realmente escribir esto, con sinceridad y desde el corazón me cuesta, porque me sería más fácil ir a algo sencillo e impersonal, que sería otra equivocación y otra cosa por la que pedir disculpas.
Supongo que me cuesta porque la mayor cobardía es la que sentimos hacía nosotros mismos, el miedo a equivocarnos y ha plantar cara a nuestras equivocaciones. Así que sí, podéis llamarme cobarde porque me cueste pedir perdón, sincerarme y abrirme con total honestidad. Pero aquí ando, intentando combatirlo. Nosotros somos nuestro peor enemigo y yo he sido demasiado enclenque moral y éticamente durante demasiado tiempo, dando lugar a numerosos errores. Por ello me encuentro en ésta tesitura y por ello me toca lo que me toca. Tarde, demasiado tarde he comprendido por donde pasan los valores que tanto buscaba, la fuerza, la valentía, el honor... Y otro más. Y pasan por aquí. Son necesarios para esto. No hay nada más difícil que ser un buen hombre (O una buena mujer, repito de nuevo que no hago distinción pese a usar el masculino) y si hay algo para lo que hace falta tener un par de cojones y ser el más duro, es precisamente para eso. Para serlo sin utilizar excusas como que es difícil, o como que es solitario y desamparado.
Si hay alguien por ahí, que se encuentre en una tesitura similar, te animo a que empieces a pedir disculpas y a ser una buena persona, una persona integra. Uno no se siente bien por ello, pero es un comienzo.

Queridos lectores, un placer escribiros, una vez más. Y gracias, muchas gracias por vuestro tiempo y por la oportunidad que por lo menos hoy, y a menudo, me proporcionáis de ser una mejor persona, a la par que un mejor escritor. Cuidaos mucho.

1/12/17

El lago.

 Huyendo de mi propio ser, allí donde siempre había conseguido encontrar la paz, me lancé, con mi mochila, con cuanto había aprendido de niño del monte y dispuesto a no pensar en el pasado y hacer como si éste nunca hubiera tenido lugar.
Las personas tenemos una forma extraña de vivir. Una especie de desconexión voluntaria y a menudo forzada de cuanto nos hace bien. Y da igual que seamos conscientes de ello. No servirá para que cambien las cosas, para que actuemos de otra manera, no aprendemos de nuestros errores, no siempre. No corregimos nuestros malos hábitos, no siempre. No hacemos lo que nos conviene, no siempre.
Mientras mis botas pisaban el suelo recubierto de agujas de pino, rodeado de árboles centenarios, respirando un aire privado de todo deje de contaminación, puro, limpio y casi fuerte al principio, a unas fosas nasales mal acostumbradas a un aire viciado y envenenado de las grandes urbes de nuestra amada era moderna, mi menta cavilaba en estas apreciaciones.
Cuando era niño nací en una gran casa en medio de la montaña. Mi madre era una mujer buena y cariñosa. Alegre, simpática. Y con una sonrisa tan grande que cubría el dolor que le provocaba no poder desterrar los fantasmas de mi padre. Mi padre, en su memoria, pues era honesto y brutalmente sincero en cuanto a sus propios defectos y fallos atañía, diré que era un hombre que se comportaba como tal, que nos cuidaba. Un hombre que se esforzaba por hacer lo que había que hacer, por hacer lo que un buen marido debía hacer y lo que un buen padre debía hacer. Pero en honor a su memoria no diré que era un buen hombre. Pues el no se consideraba tal y nunca fue amigo de recibir cualquier cosa de cumplido, hacía lo que creía que debía hacer y nunca jamás consideraba que aquello que hacía fuera digno de premio, como no lo era el comer o el respirar puesto que eran cosas necesarias.
Mi padre me enseñó a grandes rasgos dos cosas. A ser curioso y a sobrevivir. Por ende me enseñó a pensar, a leer y escribir, a aprender, a ser fuerte, a tener carácter, a ser honrado, a ser honesto y a ser fuerte. Sólo dos cosas, dos cosas que me sirvieron para aprender un ciento más. Mi madre me enseñó a sentir. A no engañarme a mi mismo, me enseñó a reír, a llorar a emocionarme. Recuerdo que todo lo que se del monte me lo enseñó mi padre. Hasta que este se convirtió en una más de las habitaciones de mi hogar. Me enseñó hasta a cazar, aunque lo odiaba, puesto que pensaba que había demasiados cazadores que no necesitaban y por lo tanto no debían cazar. Yo no olvidé lo que me enseñó y esperé no estar nunca en la situación en la que necesitara ponerlo en práctica. Con mi madre vi el primer animal salvaje de mi vida. Un lobo, quise acercarme y ella me agarró, si lo intentaba huiría, y yo no tenía porque molestar a un animal tan noble. Lo miramos y aprendí mucho ese día, un respeto que hasta hoy para mi orgullo no he dejado de procesar a cuanto me rodea.
Mi padre me educaba, pasaba algunas jornadas fuera de casa, trabajando en algo que nunca me quiso decir, y que servía para sustentarnos. Mi madre nunca dejó que se viera sus sufrimiento cuando él se iba ha hacer algo que alimentaba esos fantasmas. Era tan fuerte como mi padre.
Mis padres eran grandes y eran fuertes. Todo lo que soy se lo debo a ellos. Me enseñaron lo necesario para poder ser un buen hombre, algo difícil en los tiempos que corren. Y lo necesario para no olvidar mis raíces, de donde vengo y por lo tanto por lo que tengo que velar. Hoy día los hombres y las mujeres han olvidado eso, lo consideran absurdo, y como decía antes viven desconectados de ello. A cualquiera le resulta absurdo pensar que provenimos de la naturaleza, que somos un elemento más de ella, lo olvidan y eso le lleva a esta condenada raza a trasgredirla y perjudicarla. A alejarse todo lo posible de la misma. A respirar oxigeno putrefacto y consumir comida envenenada. A usar objetos malditos que enseguida se convertirán en basura contaminante. Es algo tan antinatural que es nauseabundo. A mi me enseñaron a no ser así, así de ingenuo, así de cobarde. A tener el valor de reconocer mis errores y lo que hacía mal para corregirlo. Sin embargo aquí estoy, sentado en unas rocas y viendo toda la sierra como mi fortaleza inexpugnable donde poder huir y encontrar refugio.
A veces me preguntaba que era esa carga que mi padre portaba. A veces pensaba que era cobardía lo que le llevaba a ocultarla. A esconderla, a no hablar nunca de ello. Ni siquiera mi madre lo sabía, y era tan fuerte que si no hubiera sido por una vez en la que vi ese dolor en sus ojos, no hubiera conocido el sufrimiento al no poder ayudar a mi padre. Sólo una vez flaqueó desde que la conocí. Mi padre no flaqueó nunca. Nunca dejó que esa carga levantara ni siquiera una sombra contra su mujer y su hijo. Con el tiempo entendí que no era cobardía. Simplemente quería protegernos de algo que le causaba tantísimas vergüenza y tantísimo sufrimiento, que no podía dejar que nadie lo sintiera ni siquiera, y así lo hice, nunca supe que era lo que mi padre cargaba. Y si no hubiera sido por una casualidad ni siquiera hubiera sabido que mi madre sufría por no poder ayudar a mi padre en esa ardua tarea. Eran muy fuertes. Mi padre nunca flaqueo, y mi madre una vez, pero nunca faltó en ella simpatía, cariño, buen humor y sonrisas.
Sé que eso fue lo que enamoró a mis padres. Lo que hizo que se encontraran. Mi padre debió ser un tipo muy divertido antes de que aquello entrara en su vida. Fuerte, honesto, responsable y jodidamente loco de atar. Sus amigos lo recordaban como alguien con quien era imposible no reír. Con quien era imposible estar de mal humor. Era divertido hasta parecer loco. Esa clase de humor que sólo los muy cuerdos pueden evocar. Eso fue lo que hizo que mis padres se encontraran antes de que llegara esa sombra. Después, no fue lo mismo, mi padre tuvo que dar prioridad a ser fuerte y a ser duro antes que a ser divertido, pero fue tan fuerte que yo pude ver de vez en cuando ese rasgo, lo suficiente para saber de primera mano y comprender porque mi madre le quería tanto. Por mucho que pesara eso que llevaba consigo, no dejó que le aplastara, no dejó que le cambiara.
Con el tiempo conocí esa carga. Nunca por manos de mis progenitores, sino porque cuando estos me dejaron, casi a la par yo busqué pues siempre fui curioso y quise aprender y descubrir. Si mi padre no hubiera sido tan concienzudamente crítico consigo mismo, si hubiera sido menos duro o su escala moral hubiera sido tan flexible, quizás eso no hubiera sido una carga. O no una tan grande. Pero mi padre no era así. Y era la clase de personas que hacen falta para que ciertas cosas vayan bien, si no hubiera sido así de crítico, no habría sido tan honesto, tan duro y tan inquebrantable probablemente y no hubiera hecho lo que era necesario para darle a mi generación un futuro mas o menos seguro. Sin hombres como él, lo tendríamos bien jodido. Sin embargo esa sombra no les impidió a mis padres ser uno buenos padres y ser felices. Pese a todo, fueron más fuertes que lo que intentará abalanzarse sobre ellos y le robaron a la vida la felicidad que sólo los más decididos tienen el valor de coger.
Todo lo que soy se lo debo a ellos. Allí donde he llegado ha sido gracias a las herramientas que me dieron para enfrentar al mundo. Sin embargo aquí estoy, buscando paz donde nunca me faltó. Recostado contra un roble, mirando a un lago. El roble tendrá más de un centenario, unos dos metros de circunferencia en el tronco y una sombra que cubre y llena de paz a todo el que quiera acercarse. La hierba en ésta zona siempre está rasa, imagino que porque los animales les gusta venir a pastar mientras aprovechan para beber del lago.
El lago no es demasiado grande. En su zona más profunda quizá llegue a los tres metros. Es fruto de alguna corriente subterránea, y su agua por algún motivo se mantiene cristalina. Es un lago de montaña así que tiene algunas algas, y algunos insectos, como es normal, pero no se encuentran en él mosquitos nunca, el agua no ésta turbia, a no ser que como un buen dominguero te dediques a remover el fondo y siempre ha sido potable y de un sabor excelente. Incluso se le han atribuido propiedades curativas y casi místicas. Los ancianos del lugar siempre han sido amigos de leyendas que durante un tiempo consiguieron alejar al tipo de gente que viene poco por aquí, lo suficiente para estropear aquello que tanto amamos algunos.
Estas montañas y cuanto se cobija en ellas, es un bien escaso en estos tiempos, la belleza virgen que aquí reside es un bien muy valioso pero que por culpa de como son mis congéneres, aún cuando estos parecen por casualidad o magia no haber descubierto el sitio, está en continuo peligro y amenaza a que esa realidad cambie y esto se convierta en el objetivo de paletos recalificadores, furtivos, domingueros o de otro tipo cualquiera igual de peligroso.
Apenas percibo, sumido en temores a perder éste paraíso que aún sobrevive por una mano desconocida y poderosa, no percibo que alguien se acerca a mí. Unos pensamientos que no me hacen más que recordar de que huyo, por mucho que intento no pensar en el objeto directo de mi exilio, me tienen tan ensimismado que hasta que no está a mi lado su presencia. Entonces un brazo desde detrás mío pasa por mi cuello, sobresaltándome y la otra mano desconocida se apoya en mi cabeza.
Al instante noto una paz que no sentía de forma tan intensa desde niño. Pierdo toda preocupación hacía quien sea que me abraza, pues noto que esa es su intención y sólo tras unos instantes caigo en que esos brazos delgados tienen un matiz verdoso en la suave piel que los compone. La calidez de la mano que me acaricia el cabello es tal, que sencillamente me da igual ese curioso hecho. Y como si la paz y tranquilidad que ahora emano, fuera una respuesta al primer contacto el ser sale desde detrás mío y se sienta en mi regazo.
Veo unos ojos de color miel, casi dorados estudiando a los míos. Una nariz chata y pequeña, con un toque encantador surge de una cara llena de pecas con una piel suave y ese matiz verduzco. Unos labios finos rematan una expresión que no es de felicidad, pero tampoco es seria una expresión que parece medir cada uno de mis rasgos y de detalles que alguien normal no podría ver simplemente mirándome. Como si con ese estudio pudiera conocerme por completo, los ojos de ese ente parecen cambiar su forma de mirarme, así como sonrieran, pero si cambiar el encantador rostro. Entonces su boca se acerca a mi oreja, su pelo castaño como la corteza del árbol que nos da sombra acaricia mis mejillas y con un acento extraño pero calido y una voz suave y melodiosa, me pide que le ayude a proteger aquello. Casi como si mi huida no fuera una huida, sino un viaje hacía el alma del lugar que vio nacer y ahora me pedía ayuda, sin pensar acepto.

Unas manos pequeñas y estilizadas quedan apoyadas sobre mi cuello, mientras unos dedos largos juegan con mi cabello. Las largas piernas de esa especie de dríada rodean mis caderas y entonces por fin sonríe y quizá, como muestra de alegría, me besa. Acerca su cuerpo al mío y entonces noto su calida piel, y el tacto de sus pechos contra mi torso, no puedo evitar sonreír mientras me sigue besando, envuelto en la extraña magia de esa ninfa aparecida como si saliera de un sueño. Comprendo que mi deber esta claro y me siento preparado, después de haberme sentido durante tanto tiempo confuso en un medio, la ciudad, que no era ni nunca fue el mío, y consciente de que he vuelto a donde hago falta.  

20/11/17

Complicar las cosas.

 A veces pensando, me pierdo en divagaciones, cosa a la que, por otra parte, ya os tengo más que acostumbrados. Y hoy estaba pensando en la gente, que se empeña en complicar las cosas fáciles. A nivel profesional, sentimental, social, da igual el ámbito. La gente que se empeña en enrarecer el ambiente, que se empeña en hacer algo fácil, difícil. Qué demonios pasa con esa gente, bueno aunque es algo que seguramente hagamos todos, o lo hayamos hecho. Es un fenómeno curioso de estudiar o valorar. Porque es como una plaga zombie. Ahora os lo explico en profundidad.
Yo soy una persona que intenta ir de cara. No siempre es fácil y no siempre se puede hacer. Pero, sobre todo con los años, mientras que la madurez me va volviendo mejor persona, lo intento, de verdad. Es como la frase de aquella película, que básicamente decía que el tipo en cuestión era honesto porque simplemente, dormía como un bebé por las noches sabiendo que buscaba siempre hacer lo correcto. Supongo que llegó un punto de mi vida que me sentía tan culpable por tantas cosas que decidí seguir ese camino. Sí, queridos lectores, he tomado muchas malas decisiones, la mayoría por insensatez, falta de madurez o escasez de pensamientos fríos y claros. No tengo demasiada malicia, estupidez por otra parte... En fin.
Bueno, divagaciones a parte, que sería de mí sin ellas. Intento ir de cara, poner las cartas encima de la mesa y hacía delante con objetivos claros y honestos, siempre que puedo. Y sobre todo con la gente que lo merece. Pero como podéis imaginar si intentáis en vuestro día a día seguir una trayectoria similar, no es nada, nada fácil. La gente a menudo trama, conspira, maquina. Y muchas veces, creo yo, ese esfuerzo por ocultar intención o personalidad, les sale mal. Así que... ¿Para qué?
Es decir, a mi me jode mucho recordar algo que saliera mal o bien, fue porque yo no hice las cosas como debería haberlas hecho. ¿Soy el único que piensa así? No lo creo, pues hay gente mucho más honesta que yo y que hace las cosas porque hay que hacerlas bien, no por un beneficio moral que se limita a no sentir ciertas cargas éticas. Lo malo de la gente que juega al juego de la vida de esa manera extraña no es lo que sacan en sí y como lo sacan, sino los daños colaterales.
He visto mucha gente buena, mucha gente honesta, tomar desvíos en su rectitud, porque están hartos de ser los únicos que cumplen las normas en el juego. Y joder eso si que me parece mal. Cuando tú eres un cabrón, un falso o simplemente una persona que hace las cosas de una forma rara que provoca incidencias, y te perjudica a ti, bueno, pero cuando jodes a otra gente, y provocas que cambien, que tengan menos ánimos en cumplir una serie de normas... Mal, muy mal. Joder eso tiene que se una carga muy gorda que llevar a tus espaldas.
Es decir, yo creo que soy una persona de fácil trato, con la que si te quieres llevar bien, lo tienes fácil, hay cosas muy sencillas que me encantan y otras muy simples que me disgustan y siempre intento, en situaciones difíciles, ponerme en la posición del otro antes de hacer algo que pueda perjudicarle. Al menos ahora soy así. Ahora que tengo más sentido común. Bien, pues creo en definitiva que soy de fácil trato. No me vas a llegar al corazón pero joder, puede haber cordialidad conmigo.
Pues porque tengo problemas con tanta gente, sería una cuestión, desavenencias, malos rollos y enemistades. O yo soy el cabrón más grande y más falso que existe, o éste mundo es incierto, complicado y lleno de gente que enrevesa lo difícil, que enturbia lo claro. Y no me limito a mi caso, conozco multitud de casos de gente que tiene que joderse por ser honesto, pagar las consecuencias por ir de cara, como también conozco casos de gente que juegan a enturbiar, manipular y enredar para fracasar una y otra y otra vez. No sé si se trata de una cuestión de ego, de un extraño concepto del amor propio o de qué.
La cosa es que... En definitiva, lo que quiero decir, el mensaje que intento mandar es... ¿Y si ponemos un poquito todos de nuestra parte y simplificamos las cosas? Somos amable, cívicos, honrados y educados; Tratamos a las personas como a nosotros nos gusta que nos traten. Dejamos nuestras cargas y heridas personales y emocionales a un lado antes de que los más cercanos a nosotros las sufran mientras estas se arreglan y cicatrizan... Ya sabéis esas cosas.

Y por último, ya para sacar puntuación record, ¿Qué tal si no damos a nadie por sentado? Es decir, es algo que veo mucho. Veo a gente que se desvive por otra, que cuida y ampara con un cariño y actitud especial, y lo que consigue a cambio, lejos de una reciprocidad, de respeto, de cuidado, es que le den por sentado, porque las personas en general, tendemos a no valorar lo que tenemos, por bueno y único que sea. Y donde primero pecamos de esto es al convivir y tratar con otras personas. Hay gente muy especial, que da mucho a quienes le rodean. Gente a la que a veces se da por sentado, no se trata, se cuida y se respeta como debe, hasta que no faltan. Y esa gente cada vez escasea más. Así que quizás deberíamos poner más empeño en cuidarles y valorarles como merecen.