20/9/17

Todas las hojas tienen que acabar cayendo.

 Hoy quiero traer a mi memoria algo que pasó, hace ya un tiempo considerable. Fue una de las lecciones más sabias que me han dado nunca, una de las frases más inteligentes que jamás he oído. No me revelaron el sentido de la vida, cuál es nuestro propósito como raza, si es que lo tenemos, si es que nos aguarda alguna tarea o destino trascendental, no me aclararon si hay una deidad o varias, o si son totalmente inexistentes y fruto de la imaginación, la necesidad y la fe. Tampoco me explicaron si hay vida más allá de este planeta, o si por el contrario vamos a algún sitio cuando desaparecemos, nos reencarnamos o simplemente dejamos de existir, pues no somos más que un conjunto de coincidencia, un conjunto de coincidencias que tienen como consecuencia la vida, un nacimiento, un desarrollo, una madurez y finalmente la muerte. No nada de eso. Me han dicho una de las verdades más claras y auténticas que existen. Si, y si, ha sido toda una revelación. Porqué por misterios en los que no detendré mis pensamientos ahora... Somos una especie a la que le cuesta ver, muchas veces, quizás demasiadas, lo que tiene a simple vista. Es así. ¿Conocéis el dicho de "si lloras por no ver el sol, las lágrimas no te dejaran ver las estrellas"? Pues algo así.
Hay verdades que no queremos ver, porque son dolorosas, porque son sencillas y nuestra complicada cabeza no puede concebir que en un mundo tan enrevesado algo sea tan sencillo. O simplemente porqué nuestra atención está tan saturada y sobrecargada que no es capaz de detenerse en lo más nimio, pero más evidente, si nosotros no le damos la orden de que se detenga a prestarle atención.
Bien. La verdad fue esta. "Todas las hojas tiene que acabar cayéndose". ¿Cómo os quedáis? Esperad... No me digáis que no os dice nada esta frase, ¿cómo? ¿Que es evidente? ¿Que todo el mundo sabe eso...? No, aún no captáis la profundidad de esas palabras, aún no veis lo que quiere decir, al igual que yo y muchos congéneres de nuestra raza, no veis lo evidente, en este caso porqué creéis ver lo evidente. Esperad... A sido culpa mía. Os contaré la historia que hay detrás de esta frase, entonces lo comprenderéis como lo comprendí yo.
Bien yo mantengo una relación sentimental con una persona. Y cada día esta, me convence de que es una de las personas más grandes que nuestro planeta a tenido la suerte de alojar. Quizás sea un niñato, un idiota, un fantasioso o un despistado, pero estoy realmente enamorado de ella. Y entre todas las cosas que tiene que aguantar, la pobre también aguanta mi sociopatías y psicosis momentáneas. Es decir... Mis comeduras de cabeza.
Al principio de nuestra relación me dio una pulsera muy especial, una pulsera que pese al tiempo y a los trotes recibidos, aún está conmigo, y me gustaría que pensar que va a ser así durante mucho tiempo, pues es una pulsera muy especial, una pulsera única, no hay otra así, y seguramente, en gran parte, sea porque me la dio Ella.
A mi me hizo mucha ilusión que me hiciera este regalo, no sólo por el regalo sino por lo que representaba ese regalo, por lo que yo leí entre líneas en ese regalo, por lo que significaba para mí ese acto, hecho de esa manera particular.
La pulsera está formada como por unas cuantas cuerdas, hilos y un retal de cuero entrelazadas, unidos, y atados entre sí, formando en su conjunto la susodicha pulsera. La pulsera tiene una serie de adornos, y entre estos tenía una hojita. Yo llevaba mi pulsera, la favorita con orgullo y con satisfacción, pero por mala suerte, casualidad, o simplemente accidentalidad una de las piezas de la pulsera se cayó, se desprendió. Fue la hojita. Bueno, cuando me dí cuenta, realmente me fastidió, esa pulsera era un regalo y para mí era importante, me fastidió que se perdiera ese adorno.
Después de que esta pequeña pieza se rompiera yo vi a mi pareja y se lo conté, le dije que lo sentía, que me jodía y que perdón. Y ella me sonrió con mucha calma, me miró a los ojos, y como si se adueñara de ella una profunda paz, tanta que hasta pareció saltar a mí... Me dijo "Todas las hojas tienen que acabar cayéndose".
Quizás algunos todavía no hayáis captado el mensaje. Quizás aún tengáis una expresión de extrañeza configurando vuestro rostro... Algunos seguramente estaréis pensando "este tío es imbécil..." Lo que posiblemente haga, que mi yo futuro, el yo que existirá mientras tales lectores me leen... A ese yo, un ensordecedor pitido de oídos le esté golpeando.
Bueno, bien, para los que tengáis la paciencia necesaria aún de seguir leyendo para saber que quiere decir esa frase, os lo explicaré.
Todas las hojas tienen que acabar cayendo. Es una verdad absoluta, es algo inalterable, va a pasar, más tarde o más temprano, a veces por sorpresa y otras de forma esperada, pero al final caerán. Y no podemos hacer nada para cambiarlo. Podemos ralentizarlo, podemos ralentizarlo o podemos acelerarlo, y otras veces nada de lo que hagamos podrá influir en su transcurso, en el proceso. Así que cuando dicho proceso toque a su fin o cúlmine... Sólo nos queda aceptarlo, con lo bueno y lo malo que lleve, que nos retribuya o que nos conceda. Aceptarlo, asimilar que ha pasado y asimilar que lo que hayamos hecho para atrasarlo o acelerarlo, haya sido mucho o poco, es todo lo que podíamos hacer, que ya nadie ni nada puede cambiar lo ocurrido, ha pasado y ya está, por doloroso o grato que sea... Es lo que hay. Pueden ser palabras duras pero es así.
¿Ahora comprendéis mejor la frase verdad? Ahora si la habéis entendido, ya nada os impide ver su auténtica verdad absoluta y su gran profundidad, ¿cierto? Lo sé.
Esta, es una verdad absoluta y para muchos evidente, aunque hay para algunos que no... Pero realmente a un ojo racional es evidente. Sin embargo no siempre es fácil asimilar esta verdad, no todo el mundo es capaz de asimilarla llegado el momento. Aunque no haya más, no siempre es tan fácil aceptar que es lo que es y punto, que no hay más... No siempre es fácil. Pero hay que hacerlo, tomar aire, asimilarlo y continuar. Sea la situación que sea, hay que proseguir. Más rápido o más lento, antes o después, pero hay que seguir caminando, seguir adelante, a nuestro ritmo pero sin parar. No queda otra. No es fácil muchas veces, no es grato, la mayoría. Pero es lo que debe hacerse. Porqué a la larga, el esfuerzo, el trabajo, la energía apostada en la empresa de asimilar la verdad absoluta que nos haya golpeado, el esfuerzo de asimilar que ha pasado y hay que seguir adelante, a la larga, habrá merecido la pena. Nos habrá hecho más fuertes, más sabios, a la mayoría al menos. Nos habrá hecho mejores, porqué de todas las heridas se aprende. Cada cicatriz, por grande o larga que sea, por profunda que cale en nuestra alma... Es una lección, si sabemos interpretarla.
Ese fue el mensaje. Sus palabras me lo dijeron, y sus ojos y la paz que manaba de su sonrisa me lo explicaron. No es sólo una frase, alberga gran profundidad. Ahora os dais cuenta, ¿verdad?
Pues hasta aquí la anécdota y hasta aquí la explicación de la misma. Espero que los que habéis conseguido aguantar leyendo hasta el final, hayáis disfrutado de lo leído y os haya sido útil, quizás no hayáis aprendido nada, pues ya conocíais la lección, pero me alegraré si tan sólo os he conseguido recordar esa lección. Me alegraré si os he conseguido refrescar la memoria a fin de que un día cuando necesitéis seguir caminando, recordar que todas las hojas acaban cayéndose, podáis hacerlo con mayor soltura y con menor dolor. Ha sido un placer escribiros y un honor que me leáis. Un saludo.

Y por último, para cerrar esta entrada, he de agradecer a la persona que la inspiró. Muchas gracias, leona, siempre has conseguido llenar mi dura mollera de algo más de sentido común y de sabiduría... Gracias.  

1/9/17

Corazón de Perro.

 Te echo de menos, la verdad. Llegaste a mi vida, como un regalo, alguien, desesperado por darle un poco de ritmo a mis días te objetizó, y te convirtió en presente. ¿Quien podía imaginar que tenías más alma que muchos humanos? Yo lo había perdido todo, o eso creía, que fácil es ver la verdadera cara de la gente, cuando dejas de estar para la gente. Es increíble como ves de que están hechas de verdad las personas cuando dejas de regalarles tu mejor faceta. Cuando te cierras en ti mismo, porque sólo puede salir de ti dolor y amargura.
Roto, desolado, consumido por la soledad y desengañado de las personas y de cualquier valor mínimamente positivo que se les pudiera suponer, apareció en mi vida un pobre bicho en una caja de cartón, temblando y aterrorizado. Cuando lo cogí y escruté con mi mirada, preguntándome que clase de animal regala un perro, como el que regala una colonia, metiéndola en una caja, el pobre bicho se orinó. Estaba igual de asustado que yo. Sólo que él tenía la honestidad de no levantar un disfraz de apariencias y expresiones frías para taparlo.
Se pasó tres días enteros asustado, comía, bebía, dejaba todo hecho un desastre llenándolo todo de inmundicia. Por las noches gemía, asustado y luego se quedaba quieto en un rincón, esperando a que nadie le hiciera daño. Yo me resignaba, limpiaba y le daba su espacio. Realmente echaba de menos esa resignación, echaba de menos cuidar de alguien. Es duro cuando te resignas a cuidar de alguien, porque lo quieres, pero es más duro que no hay nadie, ni para cuidarte ni para que le cuides.
Y un día, mientras yo estaba medio adormilado en el sofá, viendo una película mala, y con la boca torcida y como siempre, muestra de un continuo enfado con el mundo, con la vida y conmigo mismo, apareció, entre los pliegos de la manta que me mantenía cómodo y calentito en invierno, me lamió la mano y se tumbó sobre mi vientre a dormir. Me hizo sentir tanto calor, allí donde nunca más pensé que lo sentiría, que no pude hacer otra cosa que intentar contener las lágrimas de la emoción, al sentir de nuevo que tenía un corazón que podía latir y sentir.
Y se convirtió en mi sombra. Por las mañanas se acercaba a la cama, a primera hora, y empezaba a soltar sus agudos ladridos de cachorro para que me levantara y le pusiera de comer. Y ya me daba la excusa perfecta para no tirarme el día tirado en la cama hasta que me dolía el cuerpo de estar parado, y le veía comer con tal ansía, que me daba ganas de desayunar yo también fuerte.
Algo tan simple me daba energías, y me hacía moverme, lo cual me alejaba de mi depresivo y derrotado estado. Y eso me daba la mejor de las excusas para jugar con él, que era incansable y quería juego a todas horas, que no paraba de correr a mi alrededor y revolotear. Y verle tan lleno de fuerza, me dio ganas de sentirme fuerte también. Y entonces empecé a salir a correr, a hacer ejercicio, a ponerme en forma, a quemar todo aquello, que me consumía desde hace tiempo.
Me acuerdo que un día estaba haciendo pesas, press banca, llevando mis músculos más allá de la extenuación, forzando, intentando quemar aquello que tanto pesaba y dolía. Y rugía con cada repetición en la que dejaba todas mis fuerzas, y maltrataba mis músculos. Y el se acercó, empezó a soltar sus ladriditos, y a mordisquear mis zapatillas de deporte, aún las tengo, aún tengo la lengüeta de las mismas marcada por sus afilados dientecillos. Yo cuidaba de él, pero él cuidaba más de mí, obligándome a cuidarme. Ese fue el último día en el que maltrate a mi cuerpo forzándolo, y fue el primero en el que empecé a mimarme, a cuidarme y a quererme sin saberlo si quiera.
Era como una bola de pelo, y quería estar siempre a mi lado. Y un día se me puso en el teclado del ordenador, mientras trabajaba en el mismo, escribiendo. Me hizo tanta gracia el cuidado que ponía en caminar sobre las teclas, casi como si quisiera escribir el también que decidí echarme una foto con él. Y fue entonces cuando me dí cuenta de que ahora mi pelo no caía tan lacio y había recuperado color, dejando de esta mustio y apagado, que mis labios no formaban de forma continuada una expresión malhumorada, y que mis ojos habían recuperado su brillo, no estaba a la mitad de mis fuerzas, podía estar mucho mejor, pero ahora había recordado que yo estaba vivo, que seguía vivo, que tenía casi el deber de recordarlo y disfrutarlo por los que había perdido.
Decidí afeitarme, cortarme el pelo, para no parecer un vagabundo, siempre, desde que se me empezó a arreciar el pelo de la cara, me había gustado tener barba y el pelo largo, y al verme en esa foto, mejor de lo que hacía mucho tiempo que estaba, pero todavía no tan bien como podía llegar a estar, decidí abandonar esas pintas desgreñadas, recuperar mi barba corta y arreglada, y mi pelo largo y cuidado. A él le encantaba aullar mientras yo cantaba mis viejas canciones a la par que me afeitaba y recortaba la barba. Menudo dúo éramos.
Salíamos a correr, jugábamos y nos revolcábamos por toda el suelo de esa casa que ya no parecía tan grande y tan vacía, luchando por un hueso de plástico que sólo él debería haber mordido pero que yo me pugnaba con todo el gusto, contra él, y ahora lo reconozco algo sonrojado por la infantilidad y por la insalubridad de tal afición. Me hacía sentir como un niño. Protegido, querido, cuidado, especial, ilusionado. Era el mejor amigo que había tenido nunca. Recuperé mi amor por el cine y volví a sentir su magnificencia, mientras él se tumbaba poniendo la cabeza sobre mi regazo y durmiendo mientras mi mano acariciaba su lomo. Volví a cantar como he dicho antes mientras él me hacía los coros y revoloteaba a la par mientras yo bailaba como el peor de los cojos arrítmicos. Recuperé la alegría de vivir, con el amigo más leal que había tenido nunca.
Perro. Que noble palabra, cuanto significado, cuanta bondad, lealtad, honor y cariño en una sola palabra. Ojala me llamaran perro y no humano.
Era enorme, creció un montón, vaya monstruito, y era precioso. Mi mejor compañero de armas y el único, descubrí que podía reír a carcajadas de nuevo cuando un día oí estrépito en la cocina y cosas caer al suelo y vi que había abierto la nevera y se había tirado una tarta de chocolate encima pingándose entero, mientras me miraba con los ojos muy abiertos, como si quisiera decirme "¿¡Quien diablos a hecho esto?! ¡Ya verás como le pille!". La vida no había conseguido arrancarme lo mejor de la misma, que es reír a carcajadas. Y cuando me desternillé y recordé de nuevo lo alto y estrepitoso del tono de mi carcajada, él se acerco y levantándose sobre sus dos patas se me abrazó, lamiéndome y pingándome entero.
Un ser sin raciocinio, movido por el instinto, tenía el alma más grande y especial que había visto en mucho tiempo, me enseñó a aferrarme a mis instintos, entre ellos el de supervivencia, dándome permiso para cerrar mis heridas, para olvidar, para llorar y gritar "¿Por qué me tuvo que pasar a mí? ¿Por qué les tuvo que pasar a ellos? ¿Por qué me quede aquí y ellos se fueron" Pero también para reír a carcajadas, hasta que los ojos se me humedecieran, porque las carcajadas, las risas y las sonrisas, son las que dan lugar al conocimiento de que no todas las lágrimas son amargas, de que también hay lágrimas de felicidad, y de emoción. Y entonces, con toda la cocina empantanada y marraneada, antes de ponerme a limpiarla, con él revoloteando y agitando, y con una sonrisa y lágrimas en la cara, llorando por lo que había perdido, y por lo que curaba y me dejaba sonreír de nuevo, volví a levantar los marcos que boca abajo, ocultaban las fotos de mis hijos y de mi esposa.
Ese día, cuando me fui a dormir, el bicho se vino conmigo, se tumbó en la cama y dormí de un tirón hasta el día siguiente.
Si sigo vivo, es por él, porque el apareció, porque me salvó de mi mismo. Porque me quitó mi débil y angustiado corazón de humano, y me devolvió la ilusión poniéndome un corazón de perro que valora la vida, incluso la que ya no está, y convierte los recuerdos en un regalo y no en una carga.

Ahora ya no está. Y siento si es un final amargo para el relato, te invito a llorar conmigo su ausencia, si prometes mantener una sonrisa en honor a su recuerdo. Cuando se fue, se me empezó a quebrar el espíritu y a resquebrajar el corazón. No sabía que iba a hacer con mi vida, sin su leal compañía, la más leal que nunca nadie dio a una persona. No sabía que iba ha hacer, como iba a superar aquello. Y su recuerdo empezó a inundarme, con una fuerza demoledora, porque sólo tenía buenos recuerdos de él que sólo me hacían sentir calor, un calor suave y balsámico, que cierra heridas y provoca lágrimas que desahogan. Y entonces supe que su tiempo había terminado, que había sido muy feliz, haciéndome un hombre feliz de nuevo, que mi mejor amigo, me había regalado la vida y el valorarla, y que tenía se seguir adelante, porque lo que le separó de mí fue el tiempo, que injustamente para él, pasó más rápido que para mí, pero contra el tiempo no hay nada que hacer, nadie lo puede, y de malgastarlo sufriendo, prefiero invertirlo, recordándolo, recordando con ternura como me seguía a todos lados y me mordisqueaba sin hacerme daño para obligarme a animarme cuando se me ensombrecía el semblante, como me ayudo a recordar con cariño y sin ese dolor extremo e inaguantable a los que perdí. Seguro que ahora mis hijos juegan con él, ahora es su mejor amigo, y cuida de mi familia, tan fiel como fue conmigo, allí donde yo no puedo alcanzarlos todavía. Un día podré tener a mis hijos en brazos de nuevo, recobrar aquellas miradas interminables con mi mujer, y escuchar los melodiosos y llenos de vida ladridos que tanto bien me trajeron.  

20/8/17

Los desastres capilares.

 Hoy os vengo a contar, a hablar... De un fenómeno inexplicable. De un fenómeno, que lleva tiempo teniendo lugar en nuestro mundo y que, ni el hombre, ni la ciencia, ni la religión, son capaces de explicar. Sí amigos, hoy os voy a hablar del desastre que me hacen en la cabeza cada vez que me voy a cortar el pelo.
Veréis yo soy un hombre sencillo, de gustos sencillos, de cosas sencillas, y por lo tanto, mi corte de pelo es sencillo, o al menos así lo pido y así intento que me lo hagan ¡Pues no hay manera! Yo me siento en la silla mefistofélica del peluquero, ese artilugio atroz que parece que sirve para tumbar a un ser hecho de partes de personas muertas y darle vida con un rayo que caiga del techo.
Como decía, yo me siento en ese trono de la vergüenza, y pido algo muy sencillo:
"Córtamelo al dos por los lados y la nuca, y por arriba, me lo dejas un poco más largo, al dos y medio, para no parecer una bola ocho. Pero sin tupés ni cosas raras. Quiero que me lo cortes en plan cuadrado, vamos, a lo militar."
Bueno, pues con estas sencillas instrucciones... Hasta ahora, en mis dos décadas de vida, no han conseguido córtamelo como yo quiero. Eso ha dado lugar a que lo llevara largo, asustado de las atrocidades cometidas contra mi masa capilar, a que llevara coleta y una vez a que me lo rapase al cero, sabedor así de que al menos, la barbaridad cometida en mi pelo, sería cosa mía, y no de un peluquero que no sabe cortarlo como a mí me gusta. Y os voy a ser franco. A día de hoy sólo una persona me lo ha cortado como me gusta. Mi mami.
Coñas marineras a parte, os contaré cómo acabaron los dos últimos "pelados". El último, tras pedirle eso, la chica me empezó a cortar el pelo. Hay una cosa que debéis saber, por algún motivo, mi percepción no es capaz de discernir cuando me están cortando el pelo, si lo hacen bien o mal. No se si es porqué al tenerlo mojado (mojan el pelo para que sea más fácil cortarlo, como todos sabemos) no veo bien cómo me está quedando, no se si es por no llevar gafas cuando lo hacen, no se bien porqué, pero no hay manera, así que quizás también yo tenga parte de responsabilidad en estos desastres.
Tras el último corte de pelo, cuando la chica terminó y yo me mire, vi... Era... Era atroz. Mi corte cuadrado, se convirtió en lo siguiente. Básicamente, era una bola ocho, y por arriba, por donde había pedido que me lo dejaran más largo, me dejaron el flequillo un par de dedos más largo, y hacía arriba. Así que básicamente me quede con aspecto de una bola ocho, pero eso si, con visera. Os podéis imaginar el cachondeo que prosiguió a esos días, ya sabéis que quien más os quiera, más caña y más coña va a meter y hacer en estás circunstancias. Cierta persona me llamó "pollo sin cabeza". No entiendo bien el apelativo, pero oye, original era.
Venga, pongámonos serios. ¿Creíais que lo peor ya estaba visto? Inocentes... Aún hay más.
El anterior corte de pelo a ese, no sé si es que yo me expliqué mal, si es que, me entendieron mal, no lo sé. Pero me cortaron el pelo, y la parte de arriba, me la dejaron más larga, y cortada... Para hacerme tupé. Si, como lo oís, me debieron ver ganas de ser el rey del rock, o algo así, yo ese día, para mi vergüenza salí de la peluquería con tupé. No sé cómo cojones me debió entender "el maestro" para hacerme ese crimen. Obviamente, a mi no me gustaba y por lo tanto no me engominaba para hacerme el tupé. Así que esa masa de pelo, libre e imbatible, sin gomina... Acabo pareciendo una piña. ¿Sabéis como son las hojas de una piña? Pues así, llevaba el pelo muy corto por los lados y por atrás, y en la parte de arriba, parecía un puta piña.

Con mi edad, ya no soy un niño, me da corte decirle a mi querida progenitora que me arregle esos desastres, o que me corte ella el pelo, ya no soy un niño para que eso tenga lugar... Pero es que los desastres que me hacen en la cabeza son increíbles. La cosa es que tengo el pelo ya largo, y debiera cortármelo... Y estoy empezando a sentir temor de tal situación... ¿Cuál será la sorpresa esta vez? ¿Conseguiré por fin el corte que deseo? ¿Tiene mi pelo alguna dificultad para que siempre tengan lugar estos desastres? Os morís por verlo, ¿verdad? Sois crueles. En fin, esta es mi historia, inexplicable y absurda. Veremos a ver que pasa en la próxima ocasión.  

1/8/17

¿Por qué?

 Subo la persiana, el mortecino sol del amanecer me responde, son algo más de las siete de la mañana. No he dormido más de una hora seguida. Pero no tengo sueño, arrastro mi cuerpo, o él me arrastra a mí, ya no lo sé, la consciencia del tiempo, no ha sido la única que he perdido. He dejado de sentir todo, y todo me da igual, he dejado de ser parte de este mundo.
Te fuiste un 25 de Octubre. En pleno Otoño. Mi madre me contaba ,de pequeño, que procuró concebirme para que yo naciera ese día. El motivo era que los otoños la entristecían, y así su pequeño le daría ánimos. No creo que tú eligieras el día en el que te fuiste. No ese día precisamente. Te fuiste y hasta la naturaleza te lloraba. El cielo lloró conmigo tu perdida, calándome hasta los huesos durante las horas que permanecía fuera de casa, sin capaz de volver a ella, porque todo me recordaba a ti. Los árboles guardaron luto conmigo, cambiando el verde por el marrón, y luego dejando sus ramas al desnudo. Aunque ellos hayan roto ya su luto, yo aún lo mantengo. Pero sé que la naturaleza no podrá evitar guardarte una vez al año el luto, llorarte y echarte de menos, como yo lo hago cada día. Este mundo ha perdido a la mejor persona que tenía.
Supongo que cualquier color me parece un mentiroso ahora. Cualquiera que no sea el negro, me parece un farsante cromático, una invitación a sentir algo, alegría quizás, cuando no hay nada más que tristeza en este mundo. Al final todo desemboca en ella, por mucho que nos esforcemos, cada sentimiento, es un intento de alejarla, los positivos, y los negativos, cada sensación, gesto o intención es un intento de camuflar la tristeza que nos acompaña siempre, de engañarnos, es una farsa. Nacimos entre dolor y morimos solos, porque nadie puede acompañarnos en ese último tránsito. Una existencia entre dos lapsos de inexistencia. Así es, negarlo es mentir, al resto y a nosotros mismos.
Y mi farsa personal, mi intento por engañarme, me ha llevado a acompañar mi tristeza con dolor. El dolor de no ver más tus ojos, de no sentir más tus caricias, ni de que me despierten más tus besos. El dolor de tener que ir andando por la calle, sin que tu vayas cogida de mi brazo o de mi mano. El dolor de no tenerte para cuidarte, para desvivirme por ti, para ser tu romántico. El dolor de tener tanto amor reservado, guardado y amasado con tu nombre... Y no poder dártelo nunca. Ese dolor que parece que me quiebra el corazón, en un intento de que yo recuerde que, pese a todo, lo sigo teniendo.
Es lo único que siento, así que como digo no siento nada. La tristeza y el dolor son tan profundos que ya son parte de mí, no son sentimientos, pues lo sentimientos son pasajeros, no son constates, a veces son más intensos y a veces menos. Así que no siento nada, tengo tristeza y dolor pero estos son extensiones de mi, de mi ser, ahora, de mi alma.
A menudo visito tu lugar de santo reposo. No sé porqué lo hago la verdad, tú no vas a saber si te visito o no, no voy a sentirme mejor, y eso va a seguir como siempre, inalterable. Quizás algo dentro de mí alberga la esperanza de que un día mientras lo hago ya no esté tu lápida. Que haya sido todo un sueño, que esté loco y sea producto de mi mente.
A veces pienso que me gustaría estar loco, que tu nunca hubieras existido y que fueras producto de mi imaginación. Me gustaría porqué eso significaría tu inmortalidad, a coste de mi cordura, pero es un precio bajo por ti. Me gustaría, porqué me haría realmente grande haber imaginado algo tan perfecto como tú, me elevaría a la categoría divina, pues a pesar de se locura, de ser enajenación, tu existencia, aunque fuera sólo en mi cabeza, sería vida. Habría creado vida, y una vida tan perfecta que ni el mismo dios, si existiera, hubiera sido capaza de crearla. Ni él mismo, con los supuestos poderes omnipotentes, habría sido capaz de dotar la realidad tangible y física, con una criatura tan increíble como tú. Así que imaginarte, enajenarte, habría sido algo de orgullo para mí, una gesta más increíble que ninguna divina... Y una gratificación, al poder seguir besando tus labios, respirando tu aroma, acariciando tus piernas, entrelazadas en mis caderas. Aunque en verdad estuviera en una habitación acolchada, con una camisa de fuerza, ajeno al mundo real... Vivir eso, en los recónditos laberintos de mi locura, sería lo mejor que me podría pasar.
No he dejado de añorarte ni un sólo día, ni un sólo minuto, ni un sólo segundo. No he dejado de añorar tu risa, de añorar lo mal que cantabas, a propósito, para dar la lata. De añorar las tonterías que me hacían reír a carcajadas y hacer el tonto también. No puedo evitar llorar al recordarte, no puedo evitar sonreír unos segundos antes de imbuirme en la agonía de no tenerte, cuando recuerdo algo tan tonto como cuando intentabas ponerle al perro un jersey navideño y unos cuernos de Rudolf, y este se te escapaba una y otra vez.

No consigo olvidarme de que te tuve, de que te ame. ¿Por qué te fuiste? Mi única pasión en esta vida era amarte, y ya no tengo nada, nada más me vale la pena, nada más puede ser tan grande, increíble o gratificante. Mi corazón no puede sanar si no te tiene, los grandes amores no se olvidan, no se dejan de sentir, no cicatrizan ni curan. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué no me llevaste?

20/7/17

Mensajes para felicitar las fiestas.

 Durante estas fiestas ha habido una cosa que no he parado de ver y que la verdad... Me chocaba. Y me refiero a los típicos mensajitos de copia y pega que se envían para felicitar la navidad, el año nuevo y esas cosas. Y me chocan, no por lo ñoños y gratuitos que sean, que también, sino por el hecho de que al gente los utilice de forma indiscriminada y sin remordimientos por tal cosa. Es decir, ¡hay gente que hasta le hace ilusión recibirlos!
Y la verdad, es que no lo entiendo, es un copia y pega, no tiene ningún significado, no se le puede entender un "te quiero, te echo de menos, pienso en ti, me caes muy bien, eres un gran persona o espero que todo te vaya bien". No significan nada, porqué ni lo hemos escrito nosotros, ni nos ha salido del corazón, es así. Por eso no entiendo que la gente reenvíe algo que no significa nada, ni que a veces sienta ilusión por recibir algo que no significa nada.
Me molesta mucho cuando a mí me llega uno de esos. Porqué en esas palabras sólo veo falsedad, y si una persona de verdad lo envía con buenas intenciones, que se lo ahorre, que escriba él o ella algo. Es decir, a mí me dice mucho más que me digan "felices fiestas Borja, eres un tío de la hostia, pásalo bien". Prefiero eso a una tochada del quince, escrita por alguien que nunca voy a conocer. Cómo la del abrazo mágico u hostias similares. En fin, que me parece una estupidez. Si queremos decirle a alguien lo importante que es para nosotros, deberíamos tener el suficiente sentido común de no mandarle esas mierdas. Lo mejor que podemos hacer para decirle eso es simplemente decirlo. Y si no somos buenos con las palabras o no somos de decir esas cosas, hay gente que es así, pues basta con demostrarlo, que a menudo demostrar lo que uno siente, dice mucho más que expresarlo con palabras. Aún así, insisto, si decidimos decirlo con palabras, utilizar un frío y despersonalizado copia pega de esos es... Es... Es sida.
Si nos da miedo escribirle a uno un mensaje navideño, y que no sea tan elaborado, tan literario, tan poético o lo que sea, como uno de esos horribles copia pega... ¡Da igual! Lo importante es lo que dices, no cómo y lo importante es que lo dices tú, sólo con decirlo tú ya demuestras dos cosas. La primera interés, cariño. Por estar haciéndolo. Y la segunda valentía, si, valentía, porqué tienes la valentía de confesarle tus sentimientos a una persona, usando tus propias palabras. Da igual que sean sentimientos de amistad, de cariño, de amor, fraternales... Da igual, has reunido el valor para hacerlos.

Así que por favor, no enviéis mensajitos de copia y pega, dicen, si, dicen muchas cosas y todas nada favorables de vosotros, porqué son fríos, despersonalizados y falsos. Y si me venís con la excusa de "es que a mí no me sale decir ese tipo de cosas"... Si me decís eso, pese a todo lo hablado, deberíais pensar si la persona a quien se lo queréis decir de verdad se lo merece o si de verdad sentís lo que decís por ella. Porqué, amigo mío, si tú quieres decirle a una persona que es importante para ti, ya sea un amigo o un familiar, y no te sale un texto elaborado, no te sale tampoco un texto que aunque no sea elaborado sea auténtico, ni tampoco te nace el ingenio para hacer algo que se lo demuestre... Entonces amigo mío, no tienes un problema para expresar lo que sientes, simplemente no lo sientes, y ninguna legión de copia y pega llena de emoticonos o de imágenes del mismo tipo (cómo las que nos han han petado whatsapp a algunos...) va a cambiar eso. En fin. Queridos lectores, ha sido un placer escribiros, un saludo.

1/7/17

Amor moribundo.

 Siento decir esto... Pero me encuentro en mis últimos momentos, noto como mi cuerpo pierde calor a pasos agigantados, pero yo en cambio no siento frío, sólo un malestar creciente, una falta de fuerzas que parece devorarme, y un cansancio que parece estar disolviendo por completo mi consciencia.
Es el momento de que escriba algo que te haga saber todo lo que no podré decirte cuando me vaya. Deberás perdonar si las letras de esta carta en algún momento se tornan ilegibles, pues mi pulso empieza a temblar prueba de que mi coordinación se empieza a debilitar. Dentro de poco feneceré.
Sería inútil decirte que no estés triste, si esto no te fuera poner triste significaría que no tendrías el sentimiento que has demostrado tener, acompañándome ahora en estas, las que son mis horas más bajas.
Has cambiado algo con tu cariño, con tu cuidado, con tu compañía, has cambiado algo en mi interior, para mejor. Me has dado paz, me has dado fuerza, moral suficiente para afrontar este estado, esta situación. Me has dado la capacidad, para aguantarla y para afrontar la última transición de mi vida.
Te he amado más de lo inimaginable. Y te he dado todo lo que podía albergar dentro de mí. He procurado ser lo mejor de mi mismo, crear lo mejor, para dártelo, he procurado que todo en mí, cada partícula de mi ser, se dedicara a amarte, que desde el compás de mis latidos, hasta mis miradas y caricias, te dijeran "te quiero". Estoy en el final, pero estoy tranquilo, pues he hecho todo lo que podía hacer por estar a tu lado, y por demostrarte lo importante que era estar a tu lado para mi.
Me encantas, incluso ahora, que escribo estas palabras, y te miro, dormida, me encantas. Te admiro, por todo lo que me has hecho sentir, por todo el amor que me has dispensado, porqué no hayas dejado que tu preocupación dejara marca en tu ceño fruncido, por darme cada día la mejor de tus sonrisas, aunque las ganas de llorar fueran más fuertes que las de sonreír.
En estos momentos podrían inundarme preguntas sobre lo que me espera ahora, cuando finalmente las pocas fuerzas que me quedan me abandonen... Y me vaya. No me preocupa, no puedo estar seguro que pasará ahora, que habrá fuera de este plano, realidad o lo que sea, que habito, contigo.
Pero se que tanto amor dispensado, por tu parte y por la mía, tantas caricias pausadas y tiernas, tantos besos llenos de pasión, tan profundos, tan intensos, se que esas miradas llenas de luz y asombro al ver los ojos del otro... Se que todo eso no ha sido en balde, que no quedará ni en el recuerdo ni en el olvido, que no caerá al vacío, ni se descarnará como mi cuerpo vacío de vida.
Estoy completamente seguro de que toda esa energía que movimos, que sentimos, que nos procesamos, ese amor tan puro, tan generoso, tiene que ir a algún lado, no tengo duda alguna, y tengo una intuición, una sensación de que yo iré a donde vayan esas cosas. Que me encontraré allí, que todo gesto y toda prueba de amor hecha... Me mantendrán vivo, de alguna manera, en algún sitio.
Hay veces que uno tiene una certeza, que está seguro de algo. Cuando te vi, supe que eras especial, no imaginaba como, no imaginaba cuanto, pero había algo en ti distinto, y nunca me hubiera imaginado que me enamoraría de ti... Parecía tan improbable, cuando entré en esa espiral que era estar contigo, no era capaz de analizar de pensar que estaba pasando, caía y caía, me metía en algo que no sabía lo que era, encontraba una realidad que nunca había vivido, pero en la que nunca, ni en lo bueno, ni en lo malo, tuve dudas. Hasta que finalmente pasó, sin saber cómo, me enamoré de ti, y en el momento que pasó, supe que era irremediable, que me era imposible saber de tu existencia y no amarla.
Y en ese momento tuve la certeza de que eras el amor de mi vida, de que esa historia no era una de tantas, ni algo definible o cuantificable, era algo que quería vivir, algo que no podía cambiar, sustituir o alterar, era algo que no me podía perder. En ese momento, pese a la dificultad, supe que serías la mujer de mi vida. Y en el fondo de mi ser, pese a lo que pasamos juntos... Nunca lo dude, me intenté engañar a mi mismo, pero no pude, era una verdad universal, en ese momento tuve esa certeza, estuve completamente seguro de ella, y no me equivoque. Y ahora te digo que tengo esta, y estoy seguro, de que no me equivoco, no hay amor más puro, y no me cabe dudas sobre eso.
Así que cuando estés triste, cuando me llores, no te lamentes, no te tortures, porqué a pesar del dolor, porque dolerá, debes tener por seguro, y no lo debes dudar ni por un momento... Que esto, ha servido para algo. Esto lo ha cambiado todo. A cambiado mi mundo, quiero pensar, que el tuyo también. Así que cuando duela, recuerda lo que tenemos, lo grande que es. Y llora, pero no te lamentes, nunca. Yo seguiré a tu lado, vivo, pero en otro estado, el amor que tú y yo tenemos no puede morir, va más allá del tiempo y de la muerte.
Tú y yo empezamos algo. Cada beso, cada caricia, cada palabra, cada mirada, cada carcajada, cada gemido. Cada cosa que compartimos lo reforzó. Empezamos algo muy grande, algo que lo ha cambiado todo, algo cuyas consecuencias no podemos adivinar, pero que seguro que serán buenas, que tendrán lugar después de que me haya ido, y después de que tu también lo hagas...

Así que tu corazón no se enfríe, que tu risa no desaparezca, es sólo dolor, la grandeza de nuestra creación tiene un precio, la grandeza siempre tiene un precio. Haya donde esté algo de mi, un pensamiento, un impulso, recordará tu ser, tu perfección, la magia que parecía envolverte. Cuando la herida te arda, y el dolor te abrume, sólo tendrás que recordar esto, que no es el fin, sólo un cambio. Que sigo contigo, que los besos que dejé en tu piel, nada los puede borrar, que nada puede borrarme de tu ser, de tu esencia, de tus recuerdos, porqué por eso atesoraste con amor esas suaves marcas. Allá donde esté te seguiré amando, lo que un día empezamos, me mantendrá vivo. Así que llora, chilla, tiembla, pero no te lamentes, jamás te lamentes, jamás te arrepientas de haberme dado lo que me diste, de haberme hecho tan grande con tu amor.

20/6/17

Navidades

 Las navidades. Las navidades son esa época del año en que, en general, independientemente de nuestras creencias todos intentamos poner nuestra mejor sonrisa y nuestro gesto más amable, esa época en la que intentamos compensar todo lo desagradables y bordes que podamos ser durante el resto del año, en la que intentamos pasar todo el tiempo que podemos con familiares y amigos, cuya compañía no podemos disfrutar en otros momentos del año. Las navidades son esa época para estar juntos, para demostrar cariño e interés, para sacar toda nuestra bondad y amabilidad. ¿No?
Las narices. Así de claro, mirad, yo estoy empezando a odiar las navidades ya... Y no porqué no me gustan, sino por lo falsas y cutres que acaban siendo siempre. De verdad que hay personas que las viven y a mi me gustaría ser o conocer a alguien así, así las navidades siempre tienen que molar. Porqué hay varias cosas que pueden joder las navidades y que dependen de nosotros. Porqué bien es cierto que hay circunstancias que pueden joderte las navidades, y no dependen de ti, trabajo, una catástrofe familiar, dinero... Pero hay otras que si dependen de nosotros y que normalmente son las que más navidades joden. Yo voy a enumeraros algunas. Los ateos de postureo, los cutres, los egoístas y los falsos. Me refiero a grupos de personas que a nivel colectivo o individual nos fastidian las fiestas, y que parece que últimamente hacen piña para joderme las mías.
Los ateos de postureo.
Mirad, yo no soy religioso, ni ateo, ni agnóstico. No me considero lo último pese a lo que voy a decir. Creo, que por decirlo así, soy vago practicante. No me paro a plantearme cuestiones religiosas, si hay, si no hay, si después de morir vas a un sitio, a otro o no vas. No me paro a pensar si existe o a creer en su existencia, pero tampoco me paro a pensar en que no existe ni a creer en su inexistencia. Y por último no me paro a pensar que exista algo, pero que no sea eso. Es un tema que no me planteo. Ni creo, ni no creo, es que ni lo pienso. He intentado explicar esto a mucha gente, pero poca me ha entendido, puede que haya cosas que respeto, o que... Pero lo que se dice fe. Fe en la existencia del dios tradicional que se supone me han inculcado, fe en la inexistencia de nada metafísico o fe en que exista algo, que no se definir... Ni me lo planteo. De manera que soy vago meditativo practicante.
Bien, y desde mi postura, respeto a todas las creencias, no me molesta ninguna, ni me meto con ninguna. Ahora volvamos a las navidades.
¿Qué villano anti Navidad es el ateo de postureo? Pues bien, esa persona es alguien que no cree en ninguna religión, y que concibe la navidad como una fiesta al parecer exclusivamente religiosa, que por lo tanto para él carece de sentido, y por lo tanto hace todo lo que puede por negarla y por jodérsela a otros. Los ateos normales no hacen estas cosas, no creen en la navidad, pero respetan a quien sí, sólo el que necesita que todo el mundo sepa que es ateo lo hace, por eso es el ateo postureta. Y la verdad que no entiendo a la clase de cabrones y cabronas que tienen esta postura. Es decir, si yo fuese ateo no me molestaría que otra persona practicara sus creencias o fiestas. No intentaría adoctrinarlo en mi pensamiento ateo. Allá él con su mecanismo.
Y además, me parece estúpido concebir las navidades, las fiestas actuales que conocemos como navidades, como algo exclusivamente religioso. Algunos se habrán llevado las manos a la cabeza al leer esto. Mirad, yo sé perfectamente que las navidades tienen un fuerte componente religioso y su pasado y concepción es religiosa... Pero aún así no creo que hoy día sea así, no al cien por cien. Sí, el niño Jesús, el día de navidad, los reyes magos, el roscón, etc. Pero sinceramente pese a eso, me parece una festividad concebida más como un evento de consumo económico, que como una festividad religiosa. Por mi parte creo, que la navidad, cómo ya he dicho antes, es una época para ser buenos, para cuidarnos entre nosotros, para ser generosos y parar querer e intentar ser felices. Si no crees en nada, no pongas belén, no comas roscón o no regales por reyes, pero no vayas a joder a otros. Si no crees, haz tu fiesta "de las tres semanas de pasar frío, tomar chocolate y hacer regalos con un sonrisa" Llámalo así, haz tus propias tradiciones y ritos... Pero no jodas a otros, y no seas tonto, si medio planeta o al menos un cuarto está pasándolo bien, y está pasándolo con su familia, no hagas tú un postureo y te aísles, estés sólo y amargado, sin hacer nada especial porqué "no crees en esas mierdas" como he escuchado decir. Eso me parece una excusa de posturetas que están muy solos y no celebran nada ni lo pasan con nadie, simplemente porqué no pueden.
Los cutres.
Este tipo de personas son aquellas que por no esforzarse, colaborar o lo que sea, por no cansarse, porque son perezosas, son cutres en cada cosa que hacen, crean o no en las navidades... Y después de su pésima actitud, esperan tener unas navidades idílicas. Esta gente puede joderte mucho las navidades. Puede amargártelas de verdad. Y suelen ser producto de que estés depre y de mala leche en noche buena y te digas la famosa frase: "¿Para que he trabajado tanto?¿Para esto? Ojala no fueran navidades, ojala no fuera más que un día más." Y te dices esta frase, porqué al final la navidad, o el día de esta que estés celebrando, no es un día navideño, es un día en el que te has hinchado a currar y no ha servido de nada, porqué un vago o un vaga no han puesto su mínima parte. Y al final, pese a tus esfuerzos, no tienes un día especial, tienes una pechá a trabajar y poner ilusión y algo muy cutre como resultado. Esta gente son peores aún que los anteriores.
Los egoístas.
Estos tienen mucha tela. Hay gente, que ve las navidades cómo un oportunidad de que le mimen, de que le cuiden, de que le tengan como a un rey o a una reina... Pero a cambio de nada. Las navidades no son una transacción es verdad, en navidades eres un amor de persona, o deberías, porqué son navidades, porque quieres, no porque vayas a recibir algo a cambio, pero lo justo, es que si alguien es así contigo, tú también lo seas. Y no sólo en navidades, esta norma es aplicable a la vida diaria.
Este tipo de gente, no son egoístas sólo en navidades, son egoístas los trescientos sesenta y cinco días del año. Pero joder, en navidad duele más. Este tipo de gente es el que te hace una mierda de regalo mientras pone la mano para llevarse el suyo, que más vale que sea bueno, porqué sino la lían parda. Que por cierto un regalo bueno, no es un regalo caro, es un regalo que demuestra tu intención de hacer feliz a la otra persona, que demuestra la ilusión e ingenio que has derrochado para regalar eso que a la otra persona va a volver loca. Y no tiene que ser caro. Es algo que demuestre que esa persona te importa, que te lo has currado por eso.
Bueno, volviendo a los egoístas, a veces los egoístas son egoístas y cutres. Ojo, esta es la clase más peligrosa. Los egoístas son aquellas personas que con su forma de ser, de dejarte tirado, de no cuidar a los demás y de pensar sólo en si mismos, son capaces de matarte el famosísimo espíritu navideño.
Los falsos.
Aunque quizás sea la clase menos nociva, no podían faltar. Un falso es aquella persona que aunque celebra la navidad, no cree en ella. Al contrario que las clases descritas hasta ahora, un falso o una falsa navideños, no tienen porque albergar malicia, estupidez o pereza, un falso es alguien que celebra las navidades por obligación, no por gusto, porqué siempre se ha hecho y no se ve a si mismo no haciéndolo. Son gente que ha perdido la ilusión navideña, y que a pesar de que su problema no sea que no se lo curran, su problema es que no lo sienten. Y aunque es difícil que te jodan unas navidades, te las pueden estropear un poco, porqué si tu vives la navidad, de verdad, con ilusión, como hemos dicho, con cariño y desinterés... Cuando intentes compartir esos sentimientos positivos con estas personas... Vas a notar frío sólo por su parte. Porqué a pesar de que trabajen en prepararlo todo, a pesar de que no muestren ni vagancia, ni egoísmo... A pesar de ello, no lo sienten, y eso muchas veces, desemboca, en que cuando estás con estas personas en dichas fiestas, sientas lo mismo que sienten ellos en dicha época. Soledad, tristeza y desilusión. Así que si os topáis con alguien así, lo mejor que podéis hacer es intentar devolverles la ilusión, no debería ser difícil, porqué ellos quieren sentirla, ellos ponen sus esfuerzos y al final se sienten como se sienten pero sin saber porqué, si queréis vivir realmente la navidad, y conocéis a alguien así, devolvedle la ilusión navideña, no es difícil, esa persona sin saberlo querrá recuperarla, y si lo conseguís, entonces os sentiréis increíblemente bien, serán unas navidades de verdad, y habrán merecido la pena.

En fin, yo os cuento todo esto, desde mi propia experiencia. Lo que me ha hecho darme cuenta de lo cutres y nefastas que han sido mis navidades siempre... Madre del señor. Pero ¿sabéis qué? Qué estas navidades pasadas, las de 2015, han sido mis últimas navidades malas, las de este año van a ser la polla, y perdón por la expresión. Voy a vivirlas de verdad, me buscaré los cuernos de alce, que son los únicos que debería tener, la nariz de Rudolf y un jersey de un árbol de navidad que pique mucho. ¡Y estás navidades van a ser mías! Muajajajaja. En fin, antes de que termine de metabolizar esto y me convierta en el Grinch, me despido. Queridos lectores, ha sido un placer escribiros, un saludo.