Un fogonazo pareció iluminar la caverna, deshaciendo la oscuridad
tenue que lo envolvía todo, haciendo desaparecer la penumbra. Los
monstruos, viles seres, peligrosos, sanguinarios, demoníacos que la
infestaban, cesaron la lucha, quedando perplejos, con su mirada
clavada en la intensa luz que pareció traer el día a su nido. Cómo
una bengala, el fogonazo alcanzó su punto culmine de iluminación
para luego desvanecerse. Los ojos de todos los presentes se fueron
acostumbrando a la oscuridad... Y una vez que la ceguera, por la luz
que los había deslumbrado, cesó, los sonidos de la lucha y el
combate volvieron a sonar.
Néstor bajó su escudo cuando la luz cesó, se había intentado
proteger de parte del fogonazo para no quedar totalmente ciego en
aquella carnicería. Sus hombres reemprendieron el combate, sin
entender que acaba de pasar, pero aún así pronto lo sabrían, esa
pequeña victoria del enemigo sería conocida pronto. Él ya sabía
que era lo que había ocurrido. Ceres había caído.

