18/11/16

Novedades Noviembre.

Bueno, tal y como prometí, os traigo las novedades de las que me he hecho consciente este mes. Allá vamos.

El frutero no discutía de mermeladas. María Jesús Peregrín.


Colección: Novela
Páginas: 156
ISBN: 978-84-16916-00-9
Formatos: Tapa blanda: 14€
Tamaños: 15x21


Sinopsis: Elssa, una joven abogada, decide viajar de Madrid a Nueva York después de que un desconocido le proponga un extraño juego. Ella, atrapada por su pasado, se adentrará en un mundo mágico, misterioso y apasionante. Lo hará de la mano de Gastón, un viajero francés que adquiere en Chinatown un viejo bazar para reconvertirlo en frutería. La crítica ha dicho sobre “El frutero no discutía de mermeladas” que hace reflexionar al lector sobre lo crucial de las casualidades, del impacto de las decisiones, aparentemente triviales que tomamos a diario, en la confianza de que ser humano aún está a tiempo de salvarse a sí mismo si cree en la bondad de los demás. Escrita con un lenguaje poético y bien elaborado, la novela nos sitúa en la estela del realismo mágico.

11/11/16

¿Experimento o sección?

Hola lectores, ¿Cómo va vuestra tarde? Bien, espero. Hoy me dirijo a vosotros para comunicaros una idea que he tenido.
Me he percatado que siendo éste un blog literario no se sube mucho contenido del tipo reseñas o en general sobre libros. No os hablo de novedades, de libros que hay que leer antes de morir, etc. Y me propuse cambiarlo.
Por suerte, he encontrado la manera de hacerlo. La editorial letrame me ha blindado una oportunidad al poner a mi disposición catalogos de sus últimas novedades, y bueno a partir de ahora intentaré hablaros de las novedades que descubra cada mes con la ayuda de la susodicha. Nunca he hecho esto, así que habrá que ver como sale el experimento, pero la verdad es que tengo mucha ilusión por hacerlo. Espero que os guste el resultado.
¡Un saludo!

Antepasados.

 Un fogonazo pareció iluminar la caverna, deshaciendo la oscuridad tenue que lo envolvía todo, haciendo desaparecer la penumbra. Los monstruos, viles seres, peligrosos, sanguinarios, demoníacos que la infestaban, cesaron la lucha, quedando perplejos, con su mirada clavada en la intensa luz que pareció traer el día a su nido. Cómo una bengala, el fogonazo alcanzó su punto culmine de iluminación para luego desvanecerse. Los ojos de todos los presentes se fueron acostumbrando a la oscuridad... Y una vez que la ceguera, por la luz que los había deslumbrado, cesó, los sonidos de la lucha y el combate volvieron a sonar.
Néstor bajó su escudo cuando la luz cesó, se había intentado proteger de parte del fogonazo para no quedar totalmente ciego en aquella carnicería. Sus hombres reemprendieron el combate, sin entender que acaba de pasar, pero aún así pronto lo sabrían, esa pequeña victoria del enemigo sería conocida pronto. Él ya sabía que era lo que había ocurrido. Ceres había caído.

21/10/16

Es hora de madurar.

 Hay un momento en la vida de todo hombre, en el que debe dar un gran paso, en el que su concepción debe cambiar completo, debe dejar de ser un niño, para ser un adulto. Unas veces es más tarde y otras veces más temprano, pero al final siempre pasa, tarde o temprano te ponen delante de ese estrecho y angosto sendero que es la adultez, ese camino que no puedes recorrer sino dejas de ser un niño, un inmaduro, un inocente.
Para mí ese momento fue, no un shock, pero si un momento nada liviano. Quizás para otras personas esa transición fuera o sea más amena, más sencilla, para otras seguramente será mucho más dura de lo que fue para mí, y habrá otras que irán desde no haber terminado del todo esa transición, y encontrarse a mitad de camino, a mitad de cambio... Hasta a no haberla hecho nunca, ya que hay algunas personas que son verdaderas inmaduras e inmaduros, por no decir completos imbéciles.
Eso es algo que todos, tenemos que hacer, de una forma u otra, antes o después, pero que debemos hacer, es lo que toca, no hay otra y es lo mejor, por dura que sea dicha transformación...

11/10/16

Y ahora veo mi error.

Estaba deprimido, hundido en la tristeza, agotado de la vida, en una negrura tan profunda que faltarían hojas para describirla y no se podría siquiera cuantificar. Y tú podías haberme ayudado, pero no te pedí ayuda. Esa tristeza, ese no poder escapar de ti mismo... Tú podías haberme ayudado, pero fui estúpido, tu contabas conmigo para todo, para ayudarte siempre que tenían algún problema, y yo no fui capaz de corresponder tu confianza. No fui capaz de estar a tu altura.
Fui estúpido. No era capaz de contártelo, pensaba, que como demonios te ibas a sentir segura, a salvo, como te ibas a sentir protegida por mi, si yo me sentía así, como ibas a pensar que yo podía cuidarte si no era capaz de cuidarme a mi mismo, como ibas a estar a salvo con alguien que estaba así... Como alguien tan débil, tan asquerosamente débil, ya que era esa una de las razones de mi ira y mi dolor, como alguien así podía cuidar de ti.
Supongo que quería que me vieras como algo que te podía proteger, supongo que quería que vieras en mi, un muro, que no dejara pasar ningún mal, que fluyera hacía ti. Un lobo, peligroso, sangriento, salvaje... Que se lanzara como un loco contra lo que intentara atentar contra tu seguridad. Un perro, leal, que nunca bajara la guardia, que nunca dejara de estar atento, que nunca dejara de prestarte atención, que nunca te fallara. No quería fallarte y al final te fallé. Simplemente tenía que haber dejado de intentar ser algo y ser sólo yo, al fin y al cabo ese o eso es lo que te gustaba, yo, nada más. Con mi forma de ser, fuera cual fuera, y si estabas conmigo, sería porque te sentías segura. Pero hay veces que necesitas algo más que lógica, para atravesar un fango así, un fango que embota una mente en tinieblas de esa manera.
Y sin verlo venir, ni tú, ni yo, ni nadie... Pasó, me fui, dejé este mundo, un mal afortunado accidente. Una estúpida casualidad que se me llevó por delante. Sin quererlo pese a todo, te dejé, me fui de tu lado...

25/9/16

Control, poder, dominación.

Sangre color granate empezó a brotar descontrolada por un costado de la cabeza. Lentamente, como una cascada, se precipitaba salvaje llegando a caer pausada pero constante sobre un frío suelo; cuyo color azabache, recordaba al fondo de un pozo. Recién le habían cortado la oreja izquierda con un cuchillo a un sujeto de estatura media. Más bien un gran cuchillo con hoja de sierra la que, indudablemente, hacía cortes abruptos y torpes. Además de mostrar (esto lo aclaro por si es relevante para la investigación) una clara oxidación debido al tiempo y al uso.

Dicho personaje (encadenado de pie) tenía el cuello, las muñecas, las rodillas y los talones sujetos con una especie de férreos cierres de hierro. Sus ojos, aunque vidriosos, habían dejado de llorar hacía un par de horas. Ya no tenía más por lo que lamentar o, mejor dicho, no disponía de nada con lo que mostrar su lamento. También trataba en vano de liberarse (curioso, ¿eh?) con movimientos torpes que le dejaban exhausto y solamente conseguían darle una imagen de desgraciado luchando contra una fuerza superior a él.

–Por favor, no me mires con esos ojos de cordero –le avisé, pasándole el dedo índice por su mejilla hasta la cinta adhesiva que tenía pegada sobre los labios.

Saqué una navaja española de un carro metálico sobre el cual reposan una multiplicidad de artilugios punzantes y empezó a afilarla. El ruido metálico envolvía la sala de quirófano y se hacía más intenso a medida que el doctor avanzaba hacia el paciente. Los ojos del sujeto iban ensanchándose una y otra vez. Por su boca salía, o lo que podía permitirse salir, unos gemidos de pánico que se asemejaba más a un berrido que a algo propio de un ser humano.

Acaricié el cuello de la víctima con la cuchilla afilada. Todo estaba en un extraño silencio: “bom… bom… bombom…”, sólo se oía al acelerado corazón bombear y como este aumentaba el ritmo progresivamente a cada segundo que se demoraba lo inevitable.

Entonces empezó de nuevo. Realicé varios cortes limpios en cada una de las mejillas al mismo ritmo que el joven gemía de forma confusa, mezclándose (esta observación no es objetiva) el dolor con el placer. Y como al principio, la sangre brotó de nuevo, lentamente, hasta juntarse con las saladas lágrimas sobre unas húmedas y pálidas mejillas. Parecía un proceso cíclico: el mismo resultado.


–¿No te lo dije, no te lo advertí? –le pregunté–. No pongas esos ojos de cordero pues no soy tu pastor,  yo soy el dueño del matadero.















14/9/16

Los lectores anónimos.


 Hoy quiero contaros una anécdota, bueno, no sé si podría clasificarse así. Haremos una cosa, seguiré escribiendo, y vosotros decidiréis cómo queréis llamar a esto. Lo podéis dejar en la caja de comentarios.
Bien, yo diría, que cualquier empresa, labor o hobby, con tintes creativos, siempre arrastra una pequeña carga. No es fácil tener la moral alta en algo que ciertamente es intangible. Es decir, si tu fueras leñador, podrías medir el resultado de tu trabajo en troncos cortados, poniendo el ejemplo más burdo que se me ha ocurrido, ¿no? Pero si eres pintor... ¿Puedes medir tu trabajo en base a la cantidad de resultados? No, claramente, puedes haber pintado muchos lienzos, pero si son garabatos sin sentido, ni armonía, no tienes nada. Así que como decía el resultado de tu trabajo, de tu labor, de tu empeño... Ya sea como hobby o como algo profesional... No es tangible. Porqué además, habrá a gente que le guste y a gente a la que no. Y eso a veces, puede resultar desmoralizante.